El gigante asiático gestiona el programa de modificación climática más grande del mundo. Con sus avances podría provocar lluvias, sequias o nieblas artificiales para dificultar el reconocimiento de drones y aeronaves de enemigos
El concepto de guerra híbrida comenzó a emplearse en las últimas décadas debido a que, fuera de las armas convencionales, los países en conflicto comenzaron a utilizar nuevas tácticas contra sus enemigos: migración irregular, espionaje cibernético, campañas de desinformación utilizando redes sociales, entre otras. Todo ocurre bajo el umbral de los enfrentamientos armados.
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Pero China, en su intento por superar a Estados Unidos como primera potencia mundial y llegar a la cima de los avances tecnológicos, apunta a ir un paso más allá. El objetivo del régimen comunista es usar la modificación del clima con fines
militares. Si bien el gigante asiático comenzó los experimentos de siembras de nubes en el año 1958, nuevos informes revelan propósitos que van más allá de abordar sequías.
Para entender la magnitud de los experimentos en China sobre el clima, cabe mencionar que el gigante asiático gestiona el programa de modificación climática más grande del mundo. El Consejo de Estado, bajo las órdenes del dictador Xi Jinping, se comprometió a cubrir 5,5 millones de kilómetros cuadrados con lluvia artificial y 580.000 kilómetros cuadrados con supresión de granizo. Para lograr las precipitaciones, la técnica consiste en disparar proyectiles de yoduro de plata contra las nubes.
La «guerra meteorológica» impulsada desde China
Un artículo chino, cuyos autores están afiliados a la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa (NUDT), describe los recursos meteorológicos civiles como poseedores de «atributos típicos de doble uso» y argumenta que deberían movilizarse para satisfacer las necesidades militares. El hallazgo es publicado por The CCP BioThreats Initiative, una iniciativa independiente fundada y desarrollada por analistas de inteligencia y científicos expertos en bioseguridad en Estados Unidos.

El propio NUDT reconoce que su Facultad de Meteorología y Oceanografía trabaja en la «detección del entorno del campo de batalla», y que desarrolla tecnologías vinculadas a equipamiento meteorológico para uso militar. Además, el término «guerra meteorológica» está reconocido por la Administración Meteorológica de China (CMA). No significa que el régimen comunista chino pueda “controlar todo el clima”, pero estaría trabajando para propiciar condiciones que compliquen al enemigo usando aeronaves especializadas, cohetes o munición meteorológica.
Anteriormente, China ya ha modificado condiciones climáticas. El régimen comunista lo hizo para la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Verano de Pekín 2008. Los meteorólogos alertaban posibles lluvias, por lo que ocho aviones cargados de químicos despegaron de una base en la ciudad de Zhangjiakou, provincia de Hebei, para cumplir su misión.

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Manipular el clima podría beneficiar a aliados de China
Manipular el clima podría tener utilidad militar para Rusia o Irán. Ambos países son aliados de Pekín, por lo que en una guerra como la de Ucrania, el ejército de Vladímir Putin podría apoyarse en los avances chinos para generar niebla y así dificultar el reconocimiento de drones y aeronaves ucranianos, provocar lluvias para modificar las condiciones del terreno y perjudicar la movilidad de vehículos pesados.
Respecto a la guerra entre Estados Unidos e Irán, una modificación meteorológica podría, en teoría, perjudicar las operaciones de aeronaves estadounidenses con niebla o lluvias. Aunque este tipo de tecnología con uso militar no es algo confirmado por China, sí hay pruebas de que el régimen comunista está profundizando su cooperación militar con Moscú. En mayo de 2026, alrededor de 200 militares rusos fueron entrenados secretamente en el gigante asiático, según un reporte de la agencia Reuters, incluyendo entrenamiento en guerra de drones y guerra electrónica.
Oriana Rivas
Periodista venezolana radicada en Buenos Aires. Investigación para las fuentes de política y economía. Especialista en plataformas digitales y redes sociales.
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