Estados Unidos prepara una nueva ofensiva económica contra Irán, denominada por Donald Trump como un “Día D económico”, cuando la guerra se acerca a seis meses y disminuyen las reservas de armas clave. La estrategia pretende imponer un aislamiento financiero y comercial sin precedentes para obligar a Teherán a abandonar su programa nuclear y reabrir el estrecho de Ormuz, vital para el transporte mundial de petróleo y gas.
La campaña contempla cortar las fuentes de financiamiento iraníes, especialmente el petróleo, y amenazar con sanciones a países, bancos y empresas que mantengan vínculos comerciales con Teherán. Irán califica la medida como “terrorismo económico”.
La ofensiva ocurre mientras la guerra pierde respaldo y Trump enfrenta elecciones legislativas decisivas. La presión económica busca sustituir parte de la fuerza militar y aumentar el costo para Irán, aunque también amenaza con elevar los precios internacionales del petróleo y tensar las relaciones con China.


