Guatemala enfrenta una creciente crisis del agua debido a la combinación de déficit de suministro, contaminación y ausencia de una regulación integral. En la Ciudad de Guatemala, la demanda supera los 7,000 litros por segundo, mientras la producción alcanza entre 4,500 y 5,000 litros, generando un faltante mayor a 2,500 litros por segundo. El abastecimiento depende en un 60 % de acuíferos subterráneos, afectados por sobreexplotación y expansión urbana.
La situación se agrava porque cerca del 90 % de las fuentes hídricas presentan contaminación y más de la mitad de los hogares consume agua con presencia de contaminación fecal. Además, los efectos del fenómeno de El Niño 2026-2027 podrían extender las sequías. La falta de una Ley de Aguas, pendiente por décadas, mantiene una gestión fragmentada y limita la protección del recurso.

