Los documentos citan cómo desde Pekín se exportaron “licencias de conducir falsas” para permitir que “estudiantes e inmigrantes chinos simpatizantes del Partido Comunista votaran por el candidato presidencial demócrata, Joe Biden”
Una nueva desclasificación de documentos, anunciada el presidente estadounidense Donald Trump, apunta al régimen chino como presunto responsable de influir en elecciones de la nación norteamericana, dejando a ambos países al borde de una nueva crisis tras la respuesta de Pekín. En otras palabras, la cumbre entre Trump y el mandatario Xi Jinping, celebrada en mayo de 2026 para tender puentes diplomáticos, podría quedar en el olvido.
El presidente republicano acusó al régimen chino de obtener ilícitamente datos de unos 220 millones de votantes estadounidenses, calificándolo como «la mayor vulneración de datos electorales de la historia» y de influir en líderes empresariales y periodistas estadounidenses para que se «volvieran en su contra». También reveló que Pekín buscó impedir su reelección en 2020 porque «sabían que él sería más duro» que cualquier otro presidente estadounidense. Los detalles, expuestos en una nueva página web de la Casa Blanca, sacan a la luz años de intentos para torcer resultados electorales
¿Cómo influirá esta desclasificación de documentos en las relaciones entre EEUU y China? La respuesta podría estar en las declaraciones de Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino. El funcionario dijo que las acusaciones eran «totalmente inventadas, maliciosamente difamatorias y hace tiempo que se ha demostrado que carecen por completo de fundamento».
China exportó licencias de conducir «fraudulentas»
El reclamo del portavoz Lin Jian puede refutarse si se tiene en cuenta un informe preliminar de inteligencia del FBI (incluido en los documentos desclasificados), que describe cómo el Partido Comunista Chino (PCCh) produjo «decenas de miles de licencias de conducir estadounidenses fraudulentas» y las exportó a Estados Unidos con el propósito de permitir que «estudiantes e inmigrantes chinos simpatizantes del Partido Comunista votaran por el candidato presidencial demócrata, Joe Biden».
Para evitar otro tipo de consecuencias, fueron anunciadas nuevas medidas migratorias, bajo las cuales las visas de estudiantes chinos y de intercambio ya no podrán extenderse indefinidamente, ahora tendrán una duración máxima de cuatro años. Mientras que los periodistas extranjeros enfrentarán límites más estrictos. La exigencia del régimen de Xi Jinping es que se retiren las restricciones. Caso contrario, Pekín «se reserva el derecho de adoptar contramedidas recíprocas».
Pero las señales indican que la Casa Blanca no va a retroceder. Por el contrario, el Gobierno republicano está decidido a «limpiar» el sistema electoral luego de la magnitud de los hallazgos. Por eso el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) advierte a los estados que depuren sus censos electorales de votantes potencialmente no elegibles y no ciudadanos. De no hacerlo, perderán su financiación.
Más de 250.000 personas no ciudadanas figuran ilegalmente en los registros de votantes en Nueva Jersey, California, Pensilvania y Nevada, según el DHS. Los dos primeros tienen una marcada tendencia demócrata. Los otros dos, son estados bisagra, es decir, pueden inclinarse electoralmente por cualquier de los partidos. Eso explica por qué Washington quiere depurar el sistema ante cualquier artimaña china, especialmente antes de las elecciones de medio término, el próximo 3 de noviembre.
Complicidad de «miembros del Estado profundo» con China
El régimen chino parece que no actuó solo en estos intentos por influir en elecciones de Estados Unidos. La Casa Blanca explica que bajo el Gobierno demócrata de Joe Biden, «miembros del Estado profundo» en agencias de inteligencia gubernamentales «trabajaron activamente para suprimir y minimizar la información sobre el alcance de la siniestra injerencia electoral de China, ocultándola tanto al presidente como al pueblo estadounidense».
«Las agencias de espionaje estadounidenses comenzaron a tener conocimiento de la filtración de los registros de votantes en 2020, cuando descubrieron que China había comprado, robado o pirateado datos de decenas de millones de votantes en 18 estados. Sin embargo, quienes debían dar la voz de alarma optaron por mantener la información oculta», agrega el portal. En otras palabras, el tentáculo chino operaba a plena vista, usando la omisión de la propia Administración demócrata.


