La llamada “Puerta del Infierno”, el cráter de Darvaza en Turkmenistán, comenzó a apagarse después de arder durante más de 50 años. El gigantesco cráter surgió en 1971 tras una perforación soviética fallida en el desierto de Karakum, cuando geólogos encendieron el gas metano liberado para evitar una fuga tóxica.

El cráter mide unos 70 metros de diámetro y, según estudios satelitales, la intensidad de las llamas disminuyó entre 65% y 70% en los últimos años.

Sin embargo, expertos advierten un dilema ambiental: mientras el fuego permanece activo, el metano se transforma en dióxido de carbono, menos dañino para el clima. Si las llamas se extinguen, el metano podría liberarse directamente a la atmósfera, donde tiene un impacto hasta 30 veces más potente que el CO₂.

Actualmente, el sitio sigue siendo uno de los principales atractivos turísticos y símbolos de Turkmenistán.



