Moscú impuso un alto el fuego unilateral para el 8 y 9 de mayo, Día de la Victoria, amenazando con “inevitable ataque de represalia” si Kiev bombardea durante las celebraciones. Zelenski rechazó la medida como “cinismo absoluto” y propuso una tregua indefinida desde el 6 de mayo. Ambos bandos denuncian violaciones: Ucrania reporta 1,820 incumplimientos y 18 muertos por parte rusa; Moscú afirma que drones ucranianos mataron cinco personas en Crimea y causaron heridos en Bélgorod y Zaporiyia.
La falta de acuerdo mutuo convierte las treguas en instrumentos de propaganda. Putin busca reforzar su narrativa de potencia global y mantener apoyo interno, mientras Zelenski advierte que el gesto ruso busca reorganizar tropas. El Kremlin intensificó su aislamiento: el Financial Times reporta que Putin redujo apariciones públicas por temores de seguridad, usando material pregrabado en televisión estatal.
Donald Trump delegó la responsabilidad del conflicto a Europa y sugirió que Putin “podría aceptar” un alto el fuego, pero sin resultados concretos.

