El Centro para el Estudio de la Democracia alerta sobre alianzas híbridas de Rusia, China e Irán en América Latina que combinan métodos legales e ilícitos para expandir su influencia y debilitar instituciones regionales.
China fortalece vínculos comerciales —representando hasta el 24,3% del intercambio en Venezuela— mediante préstamos, infraestructura y censura digital. Rusia domina sectores estratégicos como petróleo y fertilizantes en Brasil, mientras despliega desinformación a través de RT, Sputnik y redes vinculadas al GRU; además, estableció centros de entrenamiento en Nicaragua y provee armas a cárteles mexicanos.
Irán y Hezbollah explotan zonas francas para lavado de activos y tráfico de oro, como la red de Ayman Joumaa que procesaba 200 millones de dólares mensuales. Estados Unidos enfrenta este desafío mediante sanciones, cooperación de inteligencia y fortalecimiento institucional, aunque la penetración autoritaria —que fusiona comercio, crimen organizado y guerra informativa— exige una respuesta regional más coordinada para preservar la soberanía democrática latinoamericana.


