Alemania está viviendo una transformación industrial profunda, pasando de su histórica fortaleza automotriz a convertirse en un eje de la industria de defensa en Europa. Este giro responde a la crisis del sector manufacturero, afectado por la recesión, la competencia internacional y especialmente el avance de los automóviles chinos, que ha debilitado la posición de los fabricantes alemanes en el mercado global.
La transición también está impulsada por la prolongada estagnación industrial y por factores geopolíticos como el expansionismo ruso y la inestabilidad internacional. En este contexto, el país ha movilizado cerca de un billón de euros en financiamiento y contratos públicos para fortalecer su industria militar, atrayendo además cerca del 90% del capital de riesgo europeo en tecnologías de defensa.
El declive del sector automotriz ha generado pérdidas de miles de empleos mensuales y fuertes caídas en ganancias empresariales. Ante ello, compañías tradicionales están reconvirtiéndose hacia la producción de tecnología militar. Empresas como Deutz han logrado adaptarse rápidamente, fabricando equipos para defensa y vehículos no tripulados, con resultados positivos en ingresos y empleo.

