“La mayoría de los embajadores se desempeñan como secretarios políticos del FSLN reportando directamente a Rosario Murillo”, asegura el Grupo de Expertos en derechos humanos de la ONU sobre Nicaragua
Si algo caracteriza a un sistema totalitario es que, como su mismo nombre lo indica, su objetivo es controlar todo lo que lo rodea. Nada puede decirse o hacerse sin autorización previa del régimen. Quien ose desafiarlo, recibirá castigos como la cárcel o el exilio. Sin embargo, estar fuera del país tampoco garantiza librarse de los tentáculos de la dictadura. Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, se volvieron expertos en silenciar cualquier muestra de disidencia al instalar centros de espionaje en embajadas de Nicaragua alrededor del mundo.

Se trata de «una extensa arquitectura trasnacional de vigilancia e inteligencia utilizada para monitorear, intimidar y atacar a los cientos de miles de nicaragüenses que viven en el extranjero», según un nuevo informe del Grupo de Expertos en derechos humanos de la ONU sobre Nicaragua (GHREN). El financiamiento proviene de fondos públicos, creando entonces un sistema de «misiones diplomáticas en al menos cinco países que albergan personal de inteligencia militar», donde «la mayoría de los embajadores se desempeñan como secretarios políticos del FSLN reportando directamente a Rosario Murillo», reveló Reed Brody, miembro del GHREN y reconocido abogado estadounidense apodado popularmente «el cazadictadores».

Esta «extensa arquitectura transnacional de vigilancia e inteligencia» ha sido tejida durante décadas por el matrimonio Ortega-Murillo para atornillarse en el poder. Eso ha afectado a 452 nicaragüenses a quienes se les despojó de su nacionalidad de forma arbitraria. Pero ni siquiera eso garantiza la estabilidad del régimen, que ve cómo sus aliados comunistas de la región se doblegan ante el Gobierno de Donald Trump luego de la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro. El mandatario de Estados Unidos ahora asoma la posibilidad de tomar el control de Cuba, sometida por el castrismo desde hace más de 60 años. Es decir, el sandinismo y su aparato represivo están entre la espada y la pared.Archivo de noticias
Valdrack Jaentschke, el verdugo del sandinismo en el extranjero
En el medio de este aparato represivo sale a relucir el nombre de Valdrack Ludwing Jaentschke Whitaker, actual canciller o «coministro» de Relaciones Exteriores del régimen de Ortega y Murillo. Se desempeñó como embajador en Guatemala, Costa Rica y Honduras entre los año 2021 y 2023. Desde esas sedes diplomáticas, el funcionario habría «formado parte de un grupo de alto nivel encargado de dirigir y coordinar acciones de represión transnacional en varios países».

Jaentschke movía los hilos para un sistema de espionaje copiado del modelo comunista chino, que va desde funcionarios encubiertos hasta «el pirateo de cuentas, programas espía e interceptación de comunicaciones» en redes sociales. No es casualidad que ahora siendo canciller, el hombre de confianza del sandinismo para espiar a disidentes en el extranjero haya, el año pasado, decidido retirar a Nicaragua del Consejo de Derechos Humanos y otras instituciones de la ONU.
A pesar de haber actuado durante años tras bambalinas, ahora su nombre resuena en el plano internacional por los hallazgos del mencionado organismo. Tanto así que el grupo Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) mencionó su nombre al aseverar que «estas revelaciones evidencian que la política exterior del régimen ha sido utilizada como instrumento para vigilar, intimidar y perseguir a opositores fuera del país, convirtiendo las representaciones diplomáticas en extensiones del aparato represivo».
Si bien estos informes no se traducen en condenas judiciales, sí sirven como base probatoria para futuras investigaciones o procesos penales internacionales. Sin embargo, al no formar parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, se reducen los mecanismos de presión e investigación contra el régimen de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo.


