La FDA aprobó la leucovorina —vitamina B en dosis altas— únicamente para una rara enfermedad genética que afecta a 1 de cada millón de personas, no para el autismo como prometieron funcionarios de Trump en septiembre.
El comisionado Marty Makary y el secretario Robert F. Kennedy Jr. habían sugerido que entre el 20% y 50% de niños autistas podrían beneficiarse, generando esperanza en familias desesperadas.

Tras la conferencia de prensa en la Casa Blanca, las recetas se duplicaron y el medicamento escaseó. Sin embargo, la FDA no encontró evidencia suficiente para aprobarlo en autismo; además, el mayor ensayo clínico fue retractado por errores en los datos.
Expertos advierten que no existe superposición entre la deficiencia genética rara y el autismo. La aprobación final se basó en revisión de literatura, no en ensayos controlados, debido a la escasez de pacientes con esta condición.


