Rusia controla alrededor del 70% de esa región (óblast), incluida la capital regional del mismo nombre, tras más de una década de combates en los que Donetsk y la vecina Lugansk han estado en el corazón del conflicto.
Si Rusia obtuviera la totalidad de Donetsk, consolidaría su reivindicación internacionalmente no reconocida sobre el óblast, además de evitar nuevas y cuantiosas pérdidas militares.
Para Ucrania, retirarse del oeste de Donetsk significaría una grave pérdida no solo de territorio, con la perspectiva de un nuevo éxodo de refugiados, sino también la caída de un baluarte contra cualquier futuro avance ruso.
Ucrania aún controla unos 6.600 km² de territorio en Donetsk.
Ucrania ha dedicado los últimos 11 años a invertir tiempo, dinero y esfuerzo en reforzar el cinturón de fortalezas y establecer una importante infraestructura industrial y defensiva.
Los informes de la región hablan de trincheras, búnkeres, campos minados, obstáculos antitanques y alambradas.
Volodymyr Zelensky, ha declarado que su país rechazará cualquier propuesta rusa de ceder la región de Donbás a cambio de un alto el fuego, argumentando que el territorio oriental podría utilizarse como trampolín para futuros ataques.


