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Protestas de los Transportistas, columna de Opinión de Ramón Parellada

Los transportistas y las gremiales del transporte colectivo causaron una serie de bloqueos la semana pasada en diferentes carreteras del país. Protestaron por el alza en el precio de los combustibles. Exigieron que el gobierno interviniera para frenar esa alza y hacer algo. Lamentablemente este grupo estaba muy mal asesorado porque los precios son mundiales y se rigen por el mercado internacional. No son aceptables los bloqueos por ninguna razón. No se vale afectar el derecho de terceros por ninguna causa.

Guatemala es un país principalmente importador de combustibles. Hay una altísima correlación entre las variaciones de los precios del petróleo a nivel internacional y los precios de los combustibles en Guatemala. Quienes repiten que una vez que suben los precios de los combustibles ya no vuelven a bajar lo hacen sin ver la evidencia. Cuando sube o baja el precio del petróleo, los combustibles lo hacen también.

Varios factores afectaron el alza de precios del petróleo, pero el que más afecta, a mi juicio, es el cartel de la Opep (Organización de Países Exportadores de Petróleo) que controla el 43% de la producción mundial y tiene el 81% de las reservas mundiales de petróleo. Los países miembros de la Opep son Argelia, Indonesia, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Venezuela. También se considera parte de la Opep la zona neutral entre Kuwait y Arabia Saudita. La Opep es una organización reconocida por la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Su objetivo es proteger a los productores de precios bajos. En pocas palabras, es un organismo para evitar la competencia. Es un monopolio manejado por gobiernos. Al restringir la producción mediante cuotas logran incrementar el precio al nivel que ellos quieran. A pesar de la enorme cantidad de reservas que existen en el mundo, el precio es elevado por el control que ellos mantienen sobre las mismas.

El gobierno de Guatemala solo puede eliminar los impuestos especiales al combustible, pero nada más. Las protestas a nivel mundial deberían ir contra estos carteles y exigir una libre competencia. Pero no veo que la gente proteste en ese sentido. Mientras tanto, lo que nos queda por hacer es hacer el uso más racional de los combustibles, aunque, debido a que su demanda es bastante inelástica (poco sensible a variaciones del precio), al subir el precio, igual tenemos que movilizarnos y utilizar los combustibles. Esto hace que de nuestros ingresos dediquemos una mayor proporción al transporte, así que no nos queda más remedio que ajustarnos el cinturón con lo que queda del ingreso o incluso dejar de ahorrar y posiblemente utilizar algo de nuestros ahorros.

Pero todo esto es temporal. La cantidad demandada, por más inelástica que sea, algo disminuirá y la producción se irá acumulando, apareciendo también nuevos productores en el mercado. Incluso el gas natural es un competidor para ciertos derivados y usos. Así, en otros países que no son miembros de la Opep, se incrementará la producción de petróleo y gas natural, haciendo que los precios caigan más adelante. Esto lo saben los que manejan la Opep y por eso no llegan a restringir totalmente la producción a niveles que dispararían temporalmente los precios a la luna. Cabe esperar que los precios caigan, y de hecho ya están disminuyendo. El precio actual del petróleo West Texas Intermediate (WTI), que es el que se usa de referencia en nuestro país, se encuentra alrededor de US$81/barril, habiendo sido su pico máximo el 6 de mayo de este año, al llegar a los US$120.67/barril.

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