Home OPINION Sabino y la Cicig, columna de Opinion de Alfred Kaltschmitt

Sabino y la Cicig, columna de Opinion de Alfred Kaltschmitt

Termino de leer la última obra del historiador Carlos Sabino: La Cicig ¿Experimento o Conspiración? Una lectura muy completa, con una importante correlación histórica con su penúltima obra, Guatemala, La Historia que vivimos, 1985-2015. Es una obra que, como se afirma en la introducción, responde a la continua preocupación de recoger lo sucedido durante un período contemporáneo de la historia de Guatemala en los últimos 35 años, de 1986 a 2021. Con los dos tomos de Guatemala, La Historia Silenciada EFE (2008), esta obra viene a completar, de una manera muy rigurosa, el registro del complejo entramado político y social vivido en los tiempos de respaldo a la Cicig, en el año 2015, cuando defenestran y enjuician al presidente Otto Pérez Molina y a la vicepresidenta Roxana Baldetti; y los hechos posteriores que la llevaron al declive final.

Es pertinente traer a colación a Sir Arthur Ponsoby y su obra Falsehood in Wartime: Propaganda Lies of the First World War (1928). Fue uno de los primeros en hablar abiertamente de la propaganda, la mentira y el engaño en los tiempos de la guerra. Más conocido, y aún vigente, es el famoso “decálogo de las 10 mentiras”, el cual expone cómo las naciones beligerantes aprendieron a mentir, no solo al enemigo, sino a sus propias poblaciones para hacer la guerra: 1. “Nosotros no queremos la guerra”. 2. El enemigo es el único responsable de la guerra”. 3. El enemigo es un ser execrable”. 4. “Pretendemos nobles fines”. 5. “El enemigo comete atrocidades voluntariamente. Lo nuestro son errores involuntarios”. 6. El enemigo utiliza armas no autorizadas”. 7. “Nosotros sufrimos pocas pérdidas”. Las del enemigo son enormes”. 8. Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa”. 9. Nuestra causa tiene un carácter sagrado, divino o sublime”. 10. Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores”

Al unir estos hilos conductivos a las interioridades del papel que desempeñó la Cicig en muchos de los casos que empujó con un interés evidentemente ideológico y sesgado —como el caso del genocidio y la persecución a militares, entre otros—, Sabino comprueba estas mismas tendencias: Enfoques e interpretaciones diversas entrelazadas entre los aciertos y desaciertos de los 12 años de una gestión errática. Explicando con un detalle minucioso cómo, desde su génesis más temprano de los acuerdos de paz, la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (Minugua) mostraba ya una clara tendencia ideológica y abiertas acciones de intervención en el sistema político guatemalteco, presionando, primero, para la creación de las Ciciacs (Comisión de Investigación de Cuerpos Ilegales de Seguridad y Aparatos Clandestinos de Seguridad), para luego pavimentar el camino hacia la Cicig, promovida por el entonces canciller de Portillo, Édgar Gutiérrez.

Con detalles irrefutables, Sabino revela cómo este ADN de evidentes conexiones con la guerrilla o ideologías revolucionarias ha permeado todo un entramado histórico, desde la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), la Recuperación de la Memoria Histórica (Rehmi), hasta la vasta interconexión de tambores de resonancia con las organizaciones de derechos humanos.

Es necesario analizar en ese marco histórico lo que hizo y lo que significó para Guatemala. Algo, de suyo, muy complejo porque se hace difícil para muchos separar el desempeño de la Cicig de ese tiempo con la compleja y persistente corrupción sistémica que prevalece hasta el día de hoy.

Sabino tuvo una difícil tarea: separar las actuaciones jurídicas de las acciones políticas, especialmente del papel que desempeñó el excomisionado Iván Velásquez, hoy ministro de la Defensa del presidente de Colombia, Gustavo Petro.

Una obra valiosa para comprender el marco histórico que dio vida a la Cicig y los resultados que al día de hoy siguen teniendo efectos.

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