Home OPINION El arrepentimiento en los tiempos radicales Por Alfred Kaltschmitt

El arrepentimiento en los tiempos radicales Por Alfred Kaltschmitt

El arrepentimiento del votante tiene cara de venganza cuando en medio de las elecciones surgen los efluvios de la rendición de cuentas. Se acabaron las cantaletas de tarima y las promesas de campaña. Los votos son el látigo y los resultados la condena.

Hoy, a medio partido de la administración demócrata, el país está más dividido que nunca. La inflación por los cielos; los combustibles y servicios esenciales rompiendo récords como resultado de las políticas públicas demócratas, ligadas a una distorsión absurda del estado benefactor —regala todo—, empujando a millones de beneficiados a preferir seguir recibiendo su cheque mensual sin tener que hacer nada. El resultado está a la vista. Una inflación galopante, la cual es en realidad el peor impuesto para los pobres. Afecta todo: servicios básicos, combustibles, canasta básica; hipotecas y el encarecimiento del capital de trabajo. Existe un cuadro grande de la gestión de Biden afectando el entorno político y social. La figura presidencial es percibida como la más débil y vulnerable en la historia política de los Estados Unidos. Ven a un líder con una disminución incuestionable de sus capacidades cognitivas.

Pero hay otros factores determinantes que inciden en estas elecciones intermedias: Los estragos a la sociedad estadounidense por el surgimiento del “wokismo” , un movimiento que la columnista Lilliane de Levy retrata en forma muy clara al describirlo como “la pretensión de inmiscuirse en nuestra vida para “hacer justicia”; y que asume la venganza post-colonialista; se adjudica el derecho de cancelar o anular todo lo relacionado con cultura que le parezca ofensivo; denuncia el favoritismo para ciertas etnias en particular “los blancos” y explica las disparidades raciales en materia de acceso a alojamiento, educación, empleos, etc. Una censura, continúa De Levy, que ahora nos exhorta a corregir nuestra historia, derribar las estatuas y los homenajes a las personalidades que por tanto tiempo respetamos y hundirlos en el lodo al hurgar en sus vidas y encontrar fallas en medio de las bondades que se les venían reconociendo. Que también nos ordena cuidar nuestro lenguaje, volverlo inclusivo y desprovisto de insinuaciones raciales o de género. Y finalmente, adoptar la intransigencia máxima frente a quienes no comparten nuestra lucha y neutralizarlos por la fuerza”. Son los promotores también del movimiento “defund the police”, o “desfinancien a la policía”, cuyo único objetivo ha sido desmantelar el sistema policíaco en muchas ciudades como Chicago. La violencia en estas ciudades ha motivado la migración hacia otros estados.

Es cierta está apreciación. El movimiento “woke” ha generado tensiones a todo nivel en la sociedad estadounidense partiéndola en dos. Estas elecciones reflejan esta polarización. Es un problema que va más allá de un movimiento político, porque pretende forzar cambios de una manera radical. Otros problemas están a la vista de los electores. Por ejemplo —y aunque es un problema a nivel nacional— en la mayoría de las ciudades de gobernanza demócrata, con sus políticas de “ciudades refugio” y la laxitud para hacer cumplir los ordenamientos municipales, han permitido que grupos de “homeless” o personas de la calle invadan zonas comerciales, aceras y lugares públicos, aprovechando esta permisividad. Cuadras enteras de comercios han tenido que cerrar sus puertas. Las imágenes son deplorables.

Las encuestas arrojan un incremento de apoyo para los candidatos republicanos, tanto de parte de los latinos como de los afroamericanos. Según Journal Polls, un 17% de votantes afroamericanos piensan votar republicano, casi el doble que la anterior elección. Todo sugiere que las votaciones de hoy marcan un cambio de dirección para los Estados Unidos. Los votantes soplarán las velas hacia otro puerto.

Ese es el veredicto.

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