Home OPINION Vidas desperdiciadas, columna de opinión de Carolina Castellanos

Vidas desperdiciadas, columna de opinión de Carolina Castellanos

Las vidas más desperdiciadas son las de los niños. Será casi imposible que, desnutridos y con mala calidad educativa, lleguen a ser alguien productivo para su familia, su comunidad y Guatemala.

“Una vida gastada cometiendo errores no es solo es más honorable sino que más útil que una vida gastada sin hacer nada”.

George Bernard Shaw

La lista de vidas desperdiciadas puede ser infinita o muy corta, dependiendo del cristal con que se vea. Para mí, ver a tantos “acarreados” manifestar una y otra vez a cambio de unos cuantos quetzales, dibuja ese concepto tan lamentable. Es triste ver que tanta gente “se vende” pues ese dinero resolverá alguna necesidad apremiante. ¿Estarán conscientes que no obtendrán nada de lo que piden, que haber estado bajo el sol y recibir una dádiva es todo lo que tendrán?

El abandono sistemático del Estado, representado éste en el gobierno de turno, es la causa fundamental que conduce a que haya demasiadas vidas que no tendrán ningún impacto en su comunidad, mucho menos en el país. Trabajarán el campo o en algún pequeño comercio, lo que tendrá que ser suficiente para sobrevivir.

Estas vidas nacieron desperdiciadas pues la desnutrición es casi incuantificable. Esto imposibilita a miles de niños a aprender y, más aún, a razonar. Sumado esto a la falta de oportunidades de trabajos bien remunerados, no por una nefasta ley de salario mínimo sino por la falta de infraestructura y condiciones mínimas suficientes para generar inversión a lo largo y ancho del área rural de Guatemala.

El sistema educativo público es realmente malo. Mucha de la responsabilidad de esta pésima calidad es de los sindicatos. Más allá de la carencia de infraestructura adecuada, libros de calidad y actualizados, falta de tecnología para impartir las clases y ambientes que atraigan la atención de los niños, tenemos al dirigente sindical que se las ha arreglado para sangrar y, seguramente extorsionar, al gobernante de turno. ¿Es realmente tan poderoso que ha logrado someter a todos los presidentes?

El sistema de salud es tan nefasto como el de educación. Los hospitales nacionales escasamente cuentan con alguna tecnología moderna para diagnosticar con certeza los múltiples padecimientos a los que se enfrentan a diario. Sumado a esto, hay más de 20 sindicatos en el Ministerio de Salud y Asistencia Social. Esto conduce, al igual que en educación, a que muy pocos trabajadores se esfuercen en hacer el mejor trabajo. Tienen asegurada su plaza y con eso les basta. Son otras vidas desperdiciadas en una burocracia inmanejable, perdidas en un sistema anacrónico, con salarios mediocres y sin motivación alguna para ser mejores y aspirar a una superación personal y profesional.

El tamaño del gobierno es excesivamente grande. Hay cualquier cantidad de servicios que no le competen. Se ha instalado en el país la creencia que es el gobierno quien tiene que proveerlo todo. Esto “motiva” a los revoltosos a protestar, desperdiciando así los talentos que puedan tener, su juventud, su tiempo y su vida. Pero ningún gobernante ha tenido ni la más mínima intención ni deseo de cortar por la mitad este gigante burocrático que alimenta el desperdicio de vidas pues, desde sus cargos públicos, no contribuyen en casi nada al desarrollo del país.

Sumado a los gobernantes de turno, tenemos a los diputados, que son demasiados. Esas vidas no se desperdician, para ellos mismos, en el sentido que logran navegar en la marea política, hacer sus negocios paralelos, honestos o no, y salir airosos como padres de la patria que sirvieron a su país. Pero, la gran pregunta es si contribuyeron al desarrollo de Guatemala.

Hace algunos años hubo un grupo que tuvo la intención de des-legislar. Me pareció extraordinario pues, si algo sobra, son leyes inútiles e imposibles de cumplir. Faltan muchas que conduzcan al ordenamiento jurídico y a quitar la discrecionalidad del funcionario y de las leyes mismas.

Las vidas más desperdiciadas son las de los niños. Será casi imposible que, desnutridos y con mala calidad educativa, lleguen a ser alguien productivo para su familia, su comunidad y Guatemala.

¿Qué se puede hacer? Exigir que el gobierno cumpla con su función, que concesione la mayoría de los servicios, algunos parcialmente, y otros en su totalidad y que se quite del camino para que seamos los de la iniciativa privad, los ciudadanos que trabajamos y buscamos que nuestras vidas contribuyan positivamente a Guatemala, en nuestro metro cuadrado, quienes resolvamos tanta precariedad. Solo así podremos ver menos vidas desperdiciadas y muchas más productivas y felices.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here