Home OPINION Más que ola, es rechazo, columna de opinión por Fritz Thomas

Más que ola, es rechazo, columna de opinión por Fritz Thomas

Es posible cumplir una promesa. A mayor cantidad de promesas, menos probabilidad de ser cumplidas.
El triunfo de Lula en segunda vuelta en Brasil, el pasado domingo, parece confirmar una tendencia a elegir gobiernos de izquierda en Latinoamérica. López Obrador en México, Castillo en Perú, Arce en Bolivia, Boric en Chile, Petro en Colombia, Xiomara Castro en Honduras. Un artículo de France 24 pregunta: ¿Es esta la segunda “ola rosada” en Latinoamérica? La primera sería la de principio de siglo, en la que entró el propio Lula y vio surgir a Michelle Bachelet, Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez. La tendencia más reciente no necesariamente conduce a la conclusión que Latinoamérica se decanta por el socialismo.

Ortega, en Nicaragua, y Maduro, en Venezuela, son dictaduras cleptocráticas a secas. El primero ni intenta mantener las apariencias de revolucionario, mientras que el segundo se aferra al discurso de realismo mágico del socialismo del siglo XXI, que ha incumplido todas las seductoras promesas de Hugo Chávez y ha cumplido con desmantelar el aparato productivo de Venezuela y obsequiar hiperinflación. Evo Morales, en Bolivia, violó todas las reglas para perpetuarse en el poder y lo sacaron casi arrastrado, aunque su partido permanece en el gobierno. Bachelet, mucho menos radical, intentó desarmar la prosperidad de Chile sin lograrlo, aunque sembró las semillas retóricas que prepararon el terreno para lo que vendría después; tuvo la virtud de respetar el proceso democrático. El gobierno argentino practica el discurso de socialismo light, pero no pasa de ser un partido de clientelismo cleptocrático institucionalizado.

La izquierda socialista de Pedro Castillo en Perú es un caso de rechazo. El presidente Castillo evade a la prensa, y con razón; quien lo haya escuchado en escasas entrevistas entiende que sus alcances son más que modestos y el poder está con quienes lo manejan. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2021 obtuvo 18.9% del voto; ganó en segunda con 50.1%, superando a su oponente, Keiko Fujimori, apellido que despierta fuertes pasiones en Perú. Perú no votó por el socialismo, sino por el rechazo, apenas, de Keiko.

Boric obtuvo un triunfo electoral contundente en Chile, catapultado por profundo deseo de cambio, aunque fuera al abismo, y fuerte antipatía a todo lo que tuviera aroma a Pinochet, a pesar de la prosperidad y reducción de la pobreza en ese país, sin paralelo en Latinoamérica. Si los chilenos tuvieran clara preferencia por el socialismo, hubieran aprobado la propuesta de constitución; la rechazaron con amplia mayoría. Petro ganó en Colombia en rechazo de elites políticas desgastadas, más que por alguna preferencia popular por socialismo latino. Xiomara Castro alcanzó la presidencia de Honduras merced del justificado descontento con el corrupto oficialismo de “derecha”.

Lula podrá ser de izquierda, pero es un político pragmático que no se apresurará a destruir el aparato productivo en algún altar ideológico fantástico. López Obrador, en cambio, intenta por todos los medios hacer lo que hacen gobernantes con auténtica vocación dictatorial, cambiar las reglas para aferrarse a la silla; pronto se verá si la institucionalidad mexicana es capaz de resistir. No hay tal ola socialista en Latinoamérica; hay profunda insatisfacción por promesas incumplidas. Si estos países latinoamericanos logran mantener procesos democráticos, los actuales gobiernos de izquierda saldrán por la misma puerta por la que entraron, por el mismo motivo; promesas incumplidas. Si bien no hay ola, hay muchas lecciones.

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