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El Tribunal Supremo Electoral y la crónica de un FRAUDE anunciado, columna de opinión por Emilio Estrada

Barataria

Desde las elecciones pasadas, la impoluta imagen de honestidad, transparencia y garantía del proceso eleccionario y bastión de la democracia guatemalteca de Tribunal Supremo Electoral se vio seriamente dañada cuando los Magistrados de aquella magistratura apartaron al tribunal electoral de su papel de árbitro y garante del proceso de elecciones. Es en aquel momento en que, el Tribunal Supremo Electoral inició una participación activa en la lucha por impedir que varios candidatos a la presidencia de la República participaran, de tal manera que se vio cómo este órgano electoral planteaba amparos, apelaba los amparos y buscaba impedir la inscripción de candidatos. Esta función reservada originalmente para los partidos políticos llegó a ser una función del tribunal electoral. Además de ello, el Tribunal Supremo Electoral procedió  inscribir discrecionalmente a unos candidatos cuestionados en su honorabilidad y a otros candidatos los excluyo, pese a estar en la misma condición que los otros cuestionados.

Todos estos hechos realizados por la Magistratura anterior del Tribunal Supremo Electoral socavaron seriamente los cimientos de la débil democracia guatemalteca, puesto que se evidencio la poca transparencia de las elecciones no porque haya votos de más o votos de menos, sino porque el proceso quedo cuestionado en la forma en que muchos candidatos no pudieron ser inscritos porque se argumentó que les faltó un requisito o bien por falta de honorabilidad en tanto que otros fueron inscritos pese a estar cuestionados.  El mismo Presidente de la República actual, cuando inició su carrera a la presidencia en las pasadas elecciones se ubicaba en quinto lugar, llego a disputar la segunda vuelta no porque haya convencido al electorado, ni porque su maquinaria de campaña haya sido suficientemente eficiente, ni porque su discurso con todo y ofrecer “meter al bote a doña Sandra” o bien exponer en las universidades que acabaría con la pobreza en Guatemala porque “reduciría la burocracia y no se endeudaría” u ofrecer que “desaparecería la SAAS”.  Lo cierto es que el señor Giammattei llegó al segundo lugar para disputar con la señora Torres la presidencia, porque antes de ello le descalificaron a quienes se ubicaban en segunda, tercera y cuarta posición es decir a la señora Ríos, la señora Aldana y el señor Escobar bajo esas condiciones terminó en un cómodo segundo lugar que le dio la oportunidad de disputar ante la eterna candidata perdedora.

Al parecer la formula les gustó y otra vez el Tribunal Supremo Electoral resulta ser un incómodo protagonista en la contienda electoral desde el presente año y previo a que se convoque a las elecciones.  El pasado viernes, la Dirección General del Registro de Ciudadanos notificó al señor Neto Bran y al señor Roberto Arzú que no podrán ser inscritos como candidatos a cargos de elección popular en virtud de que han realizado lo que en la Ley Electoral y de Partidos Políticos se denomina propaganda ilegal de personas individuales. Curiosamente la notificación le llegó al señor Bran un día antes de que, en asamblea nacional del partido vinculado a él sea proclamado para algún cargo de elección.  Debo confesar que ni el señor Arzú, ni el señor Bran son “santos de mi devoción”, sin embargo lo que está sucediendo en Guatemala iniciando con estas dos personas es bastante alarmante.

Siempre he pensado que la justicia “no es ciega”, sino que tiene “los ojos vendados” que es diferente.   Si nos vamos a la letra muerta y quisiéramos aplicar el mismo criterio que se le aplicó ya, al señor Arzú y al señor Bran, diríamos que también debía de aplicársele la propaganda ilegal de personas individuales por lo menos a la señora Torres, el señor Martínez, el señor Conde, el señor Mulet y la señora Ríos puesto que todos ellos, incluso algunos mas evidentes como los dos primeros mencionados han participado activamente en las supuestas “campañas de afiliación”, dando discursos e incluso ofreciendo prebendas.  Por allí anda una persona vinculada al señor Giammattei que ha expresado claramente que “cuatro años no son suficientes y queremos seguir otros cuatro años”.  Muchos de estos casos caen en la premisa que se le ha aplicado a Bran y Arzú, sin embargo el Tribunal Supremo Electoral, fiel al servilismo con el que actúan, es selectivo en cuanto a quienes aplicar la norma y con quienes no.

Naturalmente maquinaria electoral ya se puso en marcha y el Tribunal Supremo Electoral ya puso manos a la obra al prestarse a ese juego perverso con la clase gobernante. En efecto, estamos a pocos meses de que se convoque a elecciones generales, convocatoria esta que se encuentra prevista para el 23 de Enero de 2023, lo que implica que todas las proclamaciones de candidaturas a cargos de elección popular deberán ser realizadas en asambleas durante este año.  Sin embargo, el Tribunal Supremo Electoral ya inició las etapas de la consumación unas elecciones amañadas, por un lado ha retrasado malamente inscripciones de partidos políticos, en tanto que otros partidos que debieron haber sido cancelados, nunca lo realizó y a duras penas canceló el partido Unión del Cambio Nacional porque ya no le quedó otra.  Ahora ha entrado en la fase de descalificar posibles contendientes, ya inició con Bran y Arzu, al paso del tiempo quizá seguirá la señora Ríos y el señor Mulet, probablemente habran algunos candidatos a alcaldías de ciudades importantes, candidatos a diputaciones que probablemente no sean inscritos por el Registro de Ciudadanos.  Además de ello, es muy probable que también la Contraloría General de Cuentas juegue un rol importante en este aspecto.

Con ello, vamos a tener elecciones únicamente con los candidatos que tengan “la bendición” de la clase política gobernante y los grupos de poder dominantes, con ello ya las elecciones se amañan puesto que no vamos a elegir entre todos los que se promuevan para los cargos sino, que elegiríamos entre los que ellos nos dejen como opciones.   Esto es grave, porque no es democracia, ya mucho tenemos con las elecciones de diputados por “listado nacional” que le ha hecho un grave daño a la democracia guatemalteca llevando al Congreso de la República a muchos diputados que ni conocemos y muchos que ni siquiera tienen propuesta para estar en el parlamento; y ahora tendríamos que elegir, a la usanza de aquellas pasadas elecciones en donde después de descalificarle a todos sus contendientes con ventaja el señor Giammattei llegó a disputar la presidencia que oportunamente ganó.

Es de resaltar que, en aquellas elecciones, el señor Mulet, la señora Cabrera y el señor Arzu y el señor Farchi ocuparon el tercero, cuarto, quinto lugar y sexto lugar respectivamente.  No me extrañaría en nada que se descalifique a los mencionados por diversas razones, ya empezaron con el señor Arzú y podríamos tener muchas sorpresas, después de todo quizá hasta al señor Villacorta pueda ser víctima de una de estas jugarretas preferidas del Tribunal Supremo Electoral a través del Registro de Ciudadanos.  Lo cierto es que las dos ultimas elecciones en Guatemala han sido amañadas, no han sido ni legítimas ni transparentes, porque el Tribunal Supremo Electoral otrora garante de la democracia hoy en día es garante de los intereses de grupos de poder y gobierno por lo que no habrán elecciones libres como se cree y llegaremos a tener unas elecciones a la medida de quienes nos gobiernan, con el riesgo de que si no queda el candidato preferido, quien sabe sino terminemos como ha pasado con la elección de Corte Suprema y Corte de Apelaciones que ya llevan tres años sin que se elija a sus sucesores.

Ponernos a elegir entre los que quedan, no es democracia, democracia es participación popular, no debería de existir problemas ni cortapisas para inscribir partidos políticos, comités cívicos y candidatos a elección popular, hoy en día se ponen cortapisas a la inscripción de partidos políticos o comités cívicos, se descalifican candidatos antes de que sean proclamados y se impide la inscripción de candidatos por falta de requisitos estúpidos violando la presunción de inocencia; porque esto era precisamente lo que ocurría en los años de las dictaduras militares en donde a duras penas se podrían inscribir partidos políticos como le pasó en su oportunidad a Manuel Colom Argueta que pasó penas para inscribir su partido político, en las dictaduras militares se asesinaba para que los políticos no participaran hoy se les asesina civilmente impidiéndoles la libre participación.  Todo esto, porque tenemos un Tribunal Supremo Electoral al servicio de unos y no al servicio del país, olvidando su verdadera función de garante de la democracia y defendiendo la pureza y transparencia del proceso electoral.  Quizá muchos creerán que soy paranoico, pero lo cierto es que el fraude ya empezó y poco a poco nos daremos cuenta que este proceso electoral que esta próximo a realizarse será el tiro de gracia para la democracia de nuestro país, porque descalificar a dos posibles contendientes que pueden restar protagonismo al candidato oficial, es el inicio de un fraude evidente, no de alteración de votos, ni actas, ni alteración de recuentos sino al fiel estilo nicaragüense la descalificación de candidatos es la mejor arma para garantizarse la victoria en las elecciones.

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