Home OPINION Poder que corrompe absolutamente, columna de opinión por Alfred Kaltschmitt

Poder que corrompe absolutamente, columna de opinión por Alfred Kaltschmitt

La cacofonía electoral de estos tiempos comienza a generar nubes grises tirando a negro y presagian tormentas totalitarias. No es cuestión de paranoias constitucionales, sino de promesas arremetidas a garrotazo limpio contra el voto del pueblo. “Este va, y esta otra no”. A este le pongo tacha de la que quiera, a este otro no. ¡Que no importa si es genuina, hombre! Me la invento y la proyecto en cualquiera de los instrumentos de mi orquesta.
Es una orquesta que toca “a mi ritmo y mi canción”. La domino, la dirijo; no como el director de orquesta que levanta el palito en su mano para darle énfasis con cierta mesura a los diferentes ritmos: pianissimo (extremadamente suave…), como al inicio de la función, cuando comencé a reclutarla… No. Ahora vocifero a gritos con un ritmo de fortissimo (extremadamente fuerte…), a través de todos los tambores de resonancia a mi disposición: ¡Que solo va al que yo diga! ¡Vive la democratie…!

Y así, como en los inicios de todas las dictaduras, esta república —en minúscula— ya tiene una partitura nueva sin separación de poderes, ni pesos y contrapesos; ahora es una aplanadora impía que toca al son que le ordene el director supremo.

El pueblo entiende lo que es una partitura totalitaria comprada a tantos millones por kilómetro de carreteras y puentes —que nunca se construirán—, y —si se construyesen— quedan como las estratégicas arterias panamericanas e interamericanas, con sus cráteres rompevehículos, a pesar de los miles de millones entregados para pavimentar, no las carreteras, sino las carreras politiqueras de los reclutados legisladores y ediles. El pueblo sabe.

El shopping de alcaldes y diputados no es una modalidad nueva en el mercadeo zoopolítico. El pueblo observa cómo va pasando el ganado legislativo y el ganado edil al redil, uno a uno, esperando al Conde de Montecristo levantarse como el ave fénix entre las cenizas después de que eliminen a los principales contendientes; léase, a Zury Ríos, la que va adelante en todas las encuestas y en las preferencias del pueblo. La misma que el Estado de Guatemala ante Comisión Interamericana de los Derechos Humanos reconoció la obligación de garantizar el derecho humano de participación política establecida en la Constitución y que ese ejercicio de dicho derecho universal no puede limitarse o restringirse por ningún motivo, partiendo de la igualdad de derechos que le asiste a los hombres y mujeres para participar e involucrarse en la vida política de la nación (…)”. Y Bla, bla, bla de la maldición generacional de ciudadanos impedidos de ejercer su derecho de participar aun antes de nacer. Por supuesto que lo entendieron.

Obligados estamos para hacer un intermedio en esta sinfónica degradada a una simple tonada de aprendices dictatoriales, trayendo a colación a todos los pensadores liberales como Acton, Stuart Mill y Tocqueville, defensores y promotores del gran principio ideológico que debe presidir la vida política: la libertad.

Todos afirmaban que la libertad no es un simple medio, sino un fin en sí mismo, el fin más elevado que puede perseguir un Estado, a sabiendas de que la tendencia de los que ostentan el poder es quedarse con él sin importar las consecuencias. Por ello, la separación de poderes es tan vital para manejar ese poderío.

¿Pero de qué estamos hablando? Si con la aplanadora y la ayuda de la señora, todas esas aspiraciones son papel toilette, y la separación de poderes, una impertinencia.
Tan simple sería no inmolarse. Un poco de sentido común y jugar limpio. Hasta en esto sirven los principios olímpicos…

Alfred Kaltschmitt

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