Home OPINION ¿Hay peligro de recesión en Guatemala?, columna de opinión por Ramón Parellada

¿Hay peligro de recesión en Guatemala?, columna de opinión por Ramón Parellada

La economía mundial está pagando las consecuencias de las malas decisiones políticas de los dos años anteriores debido a las decisiones equivocadas de los diferentes gobiernos al endeudarse como nunca lo habían hecho. Con deudas enormes, elevadas inflaciones, tasas de interés al alza y en algunas regiones como Europa, problemas serios de abastecimiento de energía y gas natural, la situación no pinta nada bien para lo que queda del año y el 2023. ¿Qué esperar en Guatemala?


Nuestro país ha salido siempre bien en todas las recesiones mundiales pasadas. En una recesión, las empresas que fabrican bienes duraderos son las que más sufren. Esto es, la industria que se dedica a fabricar automóviles, maquinaria, electrodomésticos, la construcción y otras suelen ser las primeras en detener su ritmo. Sin embargo, la agricultura no deja de producir y vender por que estemos o no en una recesión. En una recesión, las personas comienzan a limitar su presupuesto y lo utilizan para aquello que consideran imprescindible. No dejan de comer, pero sí dejan de comprarse el carro que habían estado esperando comprar, o cambiar una televisión, o de casa. Las altas tasas de interés les consumen una buena parte de sus ingresos y no pueden dejar de pagar las hipotecas de sus casas. Así las cosas, de los ingresos limitados que la gente tiene, parte se va para esa hipoteca y el resto lo tienen que limitar entre sus prioridades y hay cosas, generalmente los bienes duraderos, que deciden abstenerse de comprar dejando la decisión para más adelante, cuando las cosas vuelvan a la normalidad.

Como Guatemala tiene poca industria en comparación con los países más desarrollados, una recesión a nivel mundial no afecta tanto al país. Es obvio que sí afectará a aquellas industrias que son muy sensibles a los ingresos de las personas, es decir, cuya demanda es muy sensible o elástica a los ingresos de las personas. Como los ingresos caen en una recesión, estas industrias también sufren las consecuencias. Sus ventas caen, los inventarios de producto terminado se incrementan, y al final deben tomar la decisión de parar operaciones y posiblemente recortar personal mientras pasa la crisis, ya que lo primero que les afecta es el flujo de caja. En cambio, las empresas agrícolas dependen de la demanda de los productos que cultivan y venden en los mercados internacionales. La gente sigue tomando café, comiendo bananos, azúcar, diferentes tipos de carnes, frutas y verduras. Posiblemente algunos limitarán un poco algunos productos caros para comprar otros más baratos, pero al final siguen consumiendo los productos agrícolas.

Me decía un amigo que estaba en textiles que sentía que recientemente hay un bajón en la demanda de sus productos. La gente, en sus decisiones racionales, decide no comprarse un nuevo pantalón o camisa en este momento de apretón, pero seguirá comprando la comida de su hogar. A la larga, lo ideal sería que nuestro país también tuviera más industria. Los años de recesión son contados y hay que prepararse para ello, pero hay más años de buen crecimiento económico en los que las industrias de todo tipo generan riqueza y valor para sus accionistas y la sociedad. Así como en los años malos la industria sufre y se tiene que apretar el cinturón, en los años buenos la industria crece y debe expandir sus líneas de producción.

Qué hacer en estos momentos. Apretarse el cinturón. No solo las personas, sino principalmente los gobiernos. No se deben incrementar impuestos en una recesión, porque incrementa la caída. Por otro lado, hay que bajar los gastos a como dé lugar. No hay otra receta.

Ramón Parellada

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