Home OPINION Brasil un país completamente polarizado, columna de opinión por Melanie Müllers

Brasil un país completamente polarizado, columna de opinión por Melanie Müllers

El apoyo a los candidatos de terceros partidos este año se vio empañado por la petición tanto de Lula como de Bolsonaro a los votantes: “hagan que sus votos cuenten” emitiendo sus votos estratégicamente.
Con base en los resultados de primera vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil, así como en las encuestas actuales, la mayoría apuesta que el expresidente Lula da Silva le ganará al actual presidente Jair Bolsonaro en la segunda vuelta, el próximo 30 de octubre. Pero no importa quién gane, el próximo presidente de Brasil enfrentará un sistema político polarizado, desilusión con el proceso político y decenas de millones de votantes que creen que el otro lado del espectro político es una amenaza para el país.

Los signos de esa polarización y descontento son claros a partir de los resultados de la primera vuelta del 2 de octubre. Más del 90 por ciento de los votos válidos en la primera vuelta fueron para Lula y Bolsonaro, con 57 millones y 51 millones respectivamente. Por el contrario, menos de 10 millones de brasileños votaron por el resto de los candidatos combinados. Como porcentaje del total de votantes, este fue el más pequeño de la historia. La mayoría de las elecciones presidenciales brasileñas (2006 es la única excepción) tienen una primera vuelta más dividida, en la que los candidatos de terceros suelen obtener alrededor del 20 por ciento o más de los votos.
Los votantes de Brasil, incluso aquellos para quienes ni Lula ni Bolsonaro eran su primera opción, estuvieron evidentemente de acuerdo. Trataron la primera vuelta como una carrera de dos candidatos en la que sus votos se aprovecharon al máximo al demostrar una clara preferencia anti-Bolsonaro o anti-Lula, en lugar de distribuirlos entre otros candidatos de la contienda.

Pero otros 5 millones de votantes esencialmente eligieron “ninguno de los anteriores”, con boletas nulas en protesta. Con menos del 5 por ciento, ese no es un gran porcentaje de votantes, particularmente teniendo en cuenta la cantidad de brasileños que, según las encuestas, no les gustaba ninguno de los candidatos. Este tipo de descontento con el sistema político es común ahora en América Latina. Las encuestas muestran una disminución general en el interés de los ciudadanos hacia las instituciones gubernamentales o los partidos políticos, así como un menor apoyo en general… una total apatía.

Lo que nos debería también preocupar es la creciente polarización, lo cual es un tema que aumenta en los sistemas políticos y electorales latinoamericanos. De las elecciones presidenciales recientes en la región no se había visto el nivel de polarización como en Brasil. En Perú, Chile, Costa Rica y Colombia, los resultados de primera vuelta surgieron candidatos “sorpresa” que no estaban respaldados por los partidos tradicionales, solo en la segunda vuelta se polarizaron. Brasil es el único caso reciente en el que los votantes se polarizaron en la primera vuelta, lo cual es una señal de que las narrativas anti-Bolsonaro y anti-Lula sacaron de la contienda a todos los demás posibles candidatos.

Los dos candidatos claramente hicieron de esta polarización su objetivo. Con sus índices de aprobación tan bajos y sus índices de desaprobación tan altos, solo necesitaban enfrentarse para tener la oportunidad de ganar, los medios de comunicación y los votantes simplemente lo aceptaron.

Lula no se postulará nuevamente para dejar espacio a una generación más joven. Bolsonaro o alguien con su imagen, potencialmente uno de sus hijos, será un factor clave en el 2026. Por lo tanto, la polarización no terminará con esta elección. Más bien, seguirá siendo un factor durante al menos los próximos cuatro años, y quizás más allá.

Melanie Müllers

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