Home OPINION Turquía vs. Guatemala, columna de Opinion de Betty Marroquin

Turquía vs. Guatemala, columna de Opinion de Betty Marroquin

Sin duda, viajar le ayuda a uno a expandir sus conceptos, aprender qué cosas han funcionado o no en otras sociedades, y en mi caso, me hace apreciar cada vez más a mi Guatemala.

Esta vez les quiero compartir algunas ideas derivadas de mi visita a Turquía.

Para ponerlos en contexto, sólo la ciudad de Estambul tiene oficialmente un aproximado de 15 millones de habitantes, aunque los locales dicen que con tanto refugiado llega a 20 millones. Es decir, toda la población de la República de Guatemala cabe en esa ciudad.

Nuestros 108,889 km² de territorio nacional caben unas 7 veces en los 783,562 km² del territorio de Turquía.

Este país, situado entre 2 continentes (Asia y Europa) y muy cercano a África, ha sido durante la Historia de la Humanidad, un punto geopolítico estratégico. Algo como Guatemala entre el Norte de América y el Sur.

Además de este aspecto, ha sido codiciado por todos los imperios porque es un país en el que se produce de todo menos café. Turquía tiene además casi todos los minerales, tiene petróleo y gas natural. Ha sido invadido, atacado, sometido, liberado, varias veces por casi todas las culturas predominantes Antes de Cristo. Después de Cristo, también lo fue, pero entre el mundo Otomano y el Europeo, específicamente.

Como Guatemala, Turquía es un país multiétnico y multicultural, en el que conviven gente de ascendencia europea, africana, asiática (medio oriental y de Asia Central), y hay hasta latinos. Cómo aquí, hay de todo.

Una vez que terminaron los conflictos internos, último de los cuales con los armenios en 1991, dentro del territorio turco, la gran mayoría coexiste pacíficamente. Los turcos, como se autodenominan, se dedican a trabajar y producir, no a protestar. A diferencia de Guatemala, a pesar de verdaderos genocidios (gente matando gente de otra raza o etnia), ahí no hay resarcimiento. Claro está, ese país no es pelele de entes perversos cómo la CIDH.

Es admirable que no existe una cultura de la victimización, como la alimentada en Guatemala por los extranjeros que encuentran resonancia y caldo de cultivo en los pocos chapines que hay que realmente están llenos de odio y resentimiento. El Turco no parece tener problema alguno con el prójimo. Reciben a todos los visitantes con los brazos abiertos, en ciudades limpias. Es uno de los 8 destinos más populares del planeta.

La gente no tira su desperdicio en el suelo, en el río, en el Bósforo, ni en ningún otro lugar que no sea un basurero. Les gusta ver su ciudad limpia. Perros y gatos de la calle son esterilizados y curados por el Estado, y se ve como individuos o negocios los alimentan. Se les ve con un chip en el oído. Son animales amigables, sin ser invasivos. La educación predomina hasta entre ellos. Aquí aplica la máxima de Gandhi de que un pueblo refleja su grandeza en la forma en que trata a los animales. Insisto, mucho que aprender.

Y que decir de los niños. Con instalaciones deportivas y juegos por todos lados para que los pequeños disfruten el deporte y del sano crecimiento. Hasta en los aeropuertos.

Los turcos están orgullosos de su patria, se ven banderas en las casas, a veces más de una. Cuando visité la tumba de Kemal Ataturk, considerado el padre de la Turquía moderna, tomé fotos de gente llevando flores a su tumba. También fotografié los muchos niños que llegaban a aprender sobre su Historia, y a tomarse selfies con elementos de la misma. Se puede palpar el amor a su patria y el orgullo de su esencia.

La familia es sagrada, la educación es considerada prioridad, aunque les falta mucho para aprender un segundo idioma.

Todo esto bueno, que de alguna forma lo tuvimos, hemos permitido que se pierda en Guatemala. A juzgar por los medios y las redes sociales, parecemos un país de gente acomplejada, que siempre ve la grama más verde en la vecindad. Cuántos chapines se quejan 24/7 de todo, pensando que en otros países no es así. Y ojo, no abogo por mal de muchos… sino porque es importante poner todo en balance, preservar lo bueno y arreglar lo malo.

Los turcos dicen que no han tenido otro líder como Ataturk. Dicen que su Presidente actual, Erdogan, es corrupto, en especial porque permite la corrupción de su hijo, empresario fuerte de la industria energética. Mal existe en todos lados. Para muestra de corrupción basta ver a Hunter Biden, el nefasto hijo del Presidente Joe Biden. La clase política está igual de mal en todas partes. Así que arreglarla es un reto que comparten estos dos países y hasta las grandes potencias.

Pero la gente en Turquía se enfoca en que tiene un 9.1% de crecimiento anual porque además de dedicarse a trabajar, predominan las reglas claras, la certeza jurídica, el orden y la lógica. Como debe de ser.

El gobierno ha subsidiado paneles solares en vivienda y edificios comerciales o industriales, las autopistas son privadas o publico-privadas, y el gobierno invierte en infraestructura, por lo que mantienen la red vial en excelentes condiciones. Respetan sus cuerpos de agua, cuidan su suelo. Urge imitar lo bueno.

Además de exportar agro, primero abastecen su consumo local llegando de todo a todos los rincones del país. Alimentan a su población antes que afuera.

No es un país perfecto, pero hacen muchas cosas con lógica. Han sabido preservar y ampliar todas las instituciones y elementos creados por Ataturk, en vez de venir nuevos líderes a destruir lo que funciona, como suele suceder en Guatemala. Tienen visión de país.

El día que en Guatemala aprendamos a apreciar nuestra patria, nos quitemos los complejos de inferioridad, dejemos el pasado atrás como algo del qué aprender en vez de vivir atrapados en él, finalmente Guatemala será grande. Cuando dejen la retórica obtusa quienes viven de la victimización que nutre la lucrativa industria del resarcimiento, y miremos hacia el futuro entendiendo que todos los que aquí nacimos valemos la pena y tenemos algo que aportar, habrá mayor prosperidad y lograremos alcanzar el potencial que tenemos como país. Sólo así habrá verdadera paz.

Guatemala es UNA, todos los que aquí vivimos tenemos la obligación de protegerla, defenderla, respetarla y apreciarla. Es fácil hacerlo: Sólo se requieren dos dedos de frente y un corazón sano.

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