Home OPINION Ecologismo demencial y eco-psiquiatría, por Luis Enrique Perez

Ecologismo demencial y eco-psiquiatría, por Luis Enrique Perez

La ecología es la ciencia cuyo objeto son las relaciones entre los seres vivos mismos, y entre ellos y la parte del mundo que convierten en su ambiente. Esta definición implica que no hay un ambiente predeterminado de los seres vivos, sino que estos seres crean su ambiente. Es una definición fundamentada en la teoría biológica de Richard Lewontin.

Por ser ciencia, la ecología no juzga que los fenómenos ecológicos son buenos o malos, de modo similar a como la física no juzga que los fenómenos físicos son buenos o malos, o la matemática no juzga que los números primos son buenos o malos.

Hay, empero, una ecología no científica, un absurdo simulacro de ecología, que denomino “ecologismopolítico-ideológico”, que pretende juzgar sobre la bondad o la maldad de los fenómenos ecológicos. Es un ecologismo de políticos e ideólogos, al que se agregan jubilosamente ignorantes y resentidos, subproductos mentales, que creen que su obscuridad es luz, que su confusión es claridad, que su estupidez es inteligencia y que sus personales valoraciones deben ser universales mandatos.

Una peligrosa degeneración del ecologismo político-ideológico es el ecologismo demencial, cuyo origen es una misteriosa perturbación cerebral conexa con míseros vestigios de actividad intelectual. Algunos síntomas de este ecologismo son sentir pena por la extinción de los dinosaurios, ansiar el retorno a la primitiva vida natural, declarar duelo personal por la muerte de un insecto, lamentar la civilización, maldecir la tecnología y oponerse al progreso material de la humanidad. Es un ecologismo que ya es objeto de una disciplina especializada de la psiquiatría, que se denomina eco-psiquiatría.

He aquí algunas manifestaciones del ecologismo demencial, que reclaman urgente tratamiento eco-psiquiátrico.

Nostalgia primitivistaStewart Brand, autor de “Catálogo Completo sobre la Tierra”, afirma: “Ansiamos que ocurra un desastre o un cambio social que nos arroje a la Edad de Piedra, en donde podamos vivir como indígenas en nuestro valle, con nuestro territorio, nuestra tecnología apropiada, nuestros jardines, nuestra propia religión. ¡Libres de culpa finalmente!” Yo desearía que Brand fuera el primero en ser arrojado a esa edad. Es la más idónea para él.

Degeneración axiológicaPaul Watson, fundador de Greenpeace, afirma: “Tengo la impresión de que, en lugar de salir a matar pájaros, yo saldría a matar a los niños que matan pájaros.” ¿Los mataría Watson si fueran sus hijos?

Beligerancia patológicaThomas Lovejoy, biólogo tropical, afirma: “El planeta está próximo a sufrir un colapso a causa de fiebre. Sin duda ya lo ha sufrido, y nosotros, los seres humanos, somos la enfermedad. Debemos estar en guerra con nosotros mismos y nuestro estilo de vida.” ¿Somos la enfermedad? ¡Decir “somos” es muy generoso! Solo gente como él, Lovejoy, es la enfermedad.

Prevención fraudulentaJonathan Schell, autor de “Nuestra Frágil Tierra”, afirma: “Principalmente es necesario aprender a actuar decisivamente para prevenir posibles peligros, aun cuando sepamos que probablemente nunca ocurrirán.” La Tierra es frágil; pero el ecologista irracional, como Schell, debe ser vigoroso para mentir.

Permisible deshonestidadStephen Schneider, cuya tesis es que el clorofluorocarbono está destruyendo el ozono de la atmósfera, afirma: “Tenemos que describir escenarios aterradores, hacer afirmaciones simples pero dramáticas, y no mencionar cualquier duda que tengamos. Cada uno de nosotros tiene que decidir cuál es el equilibrio correcto entre ser efectivo y ser honesto.” Más precisamente, Schneider tiene que decidir sobre el equilibrio correcto entre ser efectivo y ser deshonesto.

Idiotismo deliberadoHelen Caldicott, pediatra australiana, miembro de la Asociación de Científicos Preocupados, afirma: “El capitalismo está destruyendo la tierra. Cuba es un país maravilloso. La obra de Fidel Castro es extraordinaria.” ¿Quiso alguna vez Caldicott disfrutar de esa maravilla? ¡Nunca!

Cretinismo licenciosoCarl Amery, político dedicado a promover el ecologismo irracional, afirma: “Nosotros, miembros del movimiento verde, luchamos por una cultura en la cual el asesinato de un bosque sea considerado más despreciable y delictivo que venderle niñas de seis años a los prostíbulos asiáticos.” ¿Estaría Amery dispuesto a vender a sus hijas niñas a esos prostíbulos, para evitar la destrucción de un bosque?

Arrogancia simiescaPaul Ehrlich, biólogo de la Universidad de Stanford, afirma: “En los Estados Unidos de América hemos tenido ya demasiado crecimiento económico. El crecimiento económico en países como el nuestro es la enfermedad, no la curación.” Más precisamente, el crecimiento económico produce enfermos, como Ehrlich.

Regresión delirante. La institución “¡Tierra Primero!”, afirma: “Si los ambientalistas radicales tuvieran que inventar una enfermedad que logre que la humanidad vuelva a tener una vida sana, esa enfermedad sería probablemente el sida. Esta enfermedad tiene el poder de extinguir el industrialismo, que es la causa principal de la crisis ambiental.” Esa enfermedad también tiene el poder de extinguir el ecologismo demencial.

Post scriptum. Algunas organizaciones ecologistas insinúan ser una jactanciosa síntesis de todos los casos posibles de ecologismo demencial. Sus miembros tendrían que ser sometidos a una cirugía de transmutación cerebral.

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