Home Uncategorized Para culpas no levantan la mano,  Por Fritz Thomas

Para culpas no levantan la mano,  Por Fritz Thomas

Un comunicado de prensa del Banco Mundial (BM), el pasado 15 de septiembre, advierte de que “A medida que bancos centrales alrededor del mundo aumentan tasas de interés de manera simultánea en respuesta a la inflación, el mundo podría acercarse a una recesión económica global en 2023 y una serie de crisis financieras en mercados emergentes y economías en desarrollo”. Lo que no menciona el BM es que por muchos años los bancos centrales han mantenido las tasas de interés artificialmente bajas, inundando el mercado con creación de dinero y crédito barato para financiar déficits fiscales y estimular sus economías. La inflación cobra al público la factura de estas políticas; gobiernos y bancos centrales no levantan la mano a la hora de las culpas, pero son los primeros en salir al rescate.

El interés es un fenómeno de la acción humana; se deriva de la preferencia temporal, la diferencia del valor en el tiempo. Si usted va a recibir Q10 mil, no vale lo mismo recibirlo hoy que dentro de dos años. Probablemente estaría dispuesto a recibir menos de Q10 mil hoy en lugar de esperar dos años; por preferencia temporal, riesgo de no recibirlo en el futuro, y expectativas de inflación. La tasa de interés es el precio del crédito; la diferencia del valor de recursos en el tiempo. La oferta de fondos prestables se constituye del ahorro de personas y empresas, recursos producidos no consumidos; deciden no consumir sus recursos hoy y provisionar para hacerlo en el futuro. La demanda de fondos prestables, tomadores de crédito, es de personas y empresas que quieren consumir o invertir más hoy y devolver esos recursos en el futuro.

La creación de dinero es más compleja que la simple impresión de billetes. Para financiar su enorme déficit, el gobierno de EE. UU. emite bonos del tesoro, que son comprados por la Reserva Federal con la creación de dinero y expansión de crédito, que baja la tasa de interés. Algo similar hacen muchos bancos centrales en diferentes países. Las operaciones monetarias del Banco de Guatemala difieren, ya que la Constitución le prohíbe adquirir directamente los bonos del tesoro emitidos por el gobierno —no puede otorgarle crédito directo— y utiliza títulos valores propios, facilidades de liquidez y acumulación de reservas.

La creación de dinero y expansión crediticia baja las tasas de interés, que aumenta la demanda de fondos prestables. En ausencia de intervención se esperaría una disminución en la tasa de interés por efecto de un aumento en el ahorro, porque hay más recursos prestables, pero cuando el banco central crea dinero no ha creado más recursos, tan solo más dinero. Se produce un auge temporal hasta que la continua creación de dinero y crédito por encima de la existencia de recursos reales que lo respaldan provoca inflación; aumento en el nivel general de precios. Los bancos centrales ahora responderán vendiendo títulos a inversionistas, con rendimientos más altos —mayor tasa de interés— para reducir el crédito y dinero en circulación y de esta manera reducir la demanda de bienes y servicios con la intención de bajar la inflación. La “recesión global”, disminución de la producción que pronostica el BM, es más bien una corrección inevitable de la creación de dinero y crédito producido a todo vapor por gobiernos y bancos centrales. La interrupción de las cadenas de suministro por el virus, la guerra en Ucrania y el precio del petróleo son el chivo expiatorio. Afortunadamente, allí están los bancos centrales para salvar al mundo, aunque sea necesario sufrir la molestia de una modesta recesión y aumento del desempleo

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