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Lo que la cooperación acelerada con Venezuela implica para Colombia, columna de Opinión de Steven Hecth

La alianza de Petro con Maduro le abre las puertas a operaciones iraníes en Latinoamérica

Cuando el presidente Gustavo Petro se juramentó el 7 de agosto de 2022, su administración restauró las relaciones con el dictador venezolano Nicolás Maduro. Esto ilustra cómo Petro ya está cambiando la política exterior de Colombia hacia la construcción de relaciones diplomáticas con regímenes autoritarios y criminales.

Un ejemplo notorio es Irán, un país acusado de albergar y financiar a grupos terroristas como Hezboláh, Hamás y la Organización Islámica Yihadista. Petro invitó al vicepresidente en asuntos parlamentarios, Mohammad Hosseini, a su investidura. Durante su visita, Hosseini se reunió con funcionarios del gobierno colombiano y algunos congresistas —antiguos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)—.

Asimismo, Colombia se negó a asistir a una asamblea de la Organización de Estados Americanos el 12 de agosto, mostrando solidaridad por el régimen nicaragüense. El tema principal de la asamblea era condenar la dictadura de Daniel Ortega.

Restableciendo cooperación con Maduro

El 28 de agosto, Colombia y Venezuela restauraron relaciones diplomáticas. Petro nombró al exsenador Armando Benedetti como embajador ante Venezuela.

Durante la administración de Iván Duque (2018–2022), Colombia reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Duque se negó a posicionar un embajador para Venezuela, lo que llevó a la ruptura de la relación bilateral.

El embajador recién nombrado Benedetti y Maduro ya se reunieron en el Palacio de Miraflores, la residencia presidencial venezolana. Al iniciar su plan de cooperación, Maduro lo anunció en un video de TikTok mientras usaba un sombrero tradicional de Colombia, un vueltiao

Benedetti tiene dos prioridades: (1) establecer colaboración cercana y (2) culminar la relación con Guaidó. El siguiente paso es organizar una reunión entre Maduro y Petro.

Benedetti también ha hecho público su plan para acelerar la compra de gas natural de Venezuela. Aunque la ministra de energía Irene Vélez dijo que Colombia debería comprar gas de Venezuela cuando las reservas se agoten, Benedetti quiere llegar a un acuerdo antes. “Las reservas de gas de Colombia se agotarán en siete años y deberíamos empezar a comprar gas de Venezuela ya”, Benedetti dijo a la Revista Semana.

En una entrevista con Bloomberg, Benedetti admitió que espera devolver la empresa Monómeros, administrada públicamente, a Maduro. Monómeros es una empresa colombo-venezolana que produce fertilizantes. Tiene un 37% de participación en el mercado en Colombia, donde la agricultura es una importante fuente de empleos, comida y desarrollo nacional. En 2021, Monómeros reportó utilidades de alrededor de $13 millones en 2021.

Cuando Duque reconoció a Guaidó como el presidente interino de Venezuela, parte de la administración de Monómeros se fue para Guaidó. La compañía, sin embargo, ha sufrido escándalos de corrupción bajo su administración. Por esta razón, Colombia tomó control absoluto de la compañía en septiembre de 2021.

Mientras estos escándalos han dividido a la oposición venezolana, el gobierno colombiano se aprovecha de estos para darle un negocio lucrativo a la dictadura venezolana. Con el nuevo plan de cooperación, Maduro se aseguraría unos dólares más para su régimen

La acrecentada presencia iraní

Durante los últimos años, la presencia iraní en Latinoamérica se ha expandido. Irán ha prestado aviones a la aerolínea venezolana Conviasa y su filial Emtrasur. Estas aeronaves han volado por toda la región, aterrizando en Ecuador, Paraguay, Chile, Venezuela, México y Argentina. Esto llevó al caso del avión iraní que sigue retenido en Argentina, después de levantar sospechas entre algunos líderes latinoamericanos.

En Venezuela, la cooperación militar ha incrementado. Voz de América reportó en marzo que una serie de drones de combate aterrizaron en Venezuela. De acuerdo a Benny Gantz, ministro de defensa israelí, la entrega incluyó misiles de precisión que se pueden adjuntar a los drones. Esto ha levantado sospechas sobre el surgimiento de terrorismo en la región.

Las relaciones diplomáticas entre Irán y Colombia han sido frígidas desde el 2000. En 2021, durante la administración de Duque, el ministro de defensa Diego Molano dijo: “Irán y Hezbolá, quienes apoyan al régimen venezolano, son nuestros enemigos”.

En un giro inesperado, el actual ministro de relaciones exteriores Álvaro Leyva se reunió con Hosseini, el vicepresidente iraní en asuntos parlamentarios, en agosto. Ellos discutieron “asuntos estratégicos para la cooperación bilateral”, reveló Leyva.

De acuerdo con un reporte de Infobae, Irán está ampliando sus actividades criminales en la región. El Proyecto Investigativo sobre Terrorismo, una oenegé enfocada en terrorismo a nivel mundial, ha señalado que Irán se aprovecha de los sistemas políticos débiles para lavar dinero y financiar terrorismo. Por esta razón, Irán y sus aliados prefieren mantener instituciones débiles y socavar el Estado de derecho.

El rol venezolano

Desde la llegada del chavismo, Venezuela se ha aliado con Irán, Rusia y regímenes alineados. Ellos han llevado a cabo una creciente cooperación militar y comercial.

En febrero, Maduro se reunió en Caracas con Yuri Borísov, ex ministro de relaciones exteriores. Aunque Putin ya había iniciado la invasión a Ucrania, Maduro lo recibió para discutir sobre una mayor cooperación militar entre los países.

Maduro dijo a los medios: “Hemos ratificado el camino de la poderosa cooperación militar entre Rusia y Venezuela para defender la paz y la soberanía”. Funcionarios rusos y venezolanos han continuado reuniéndose desde entonces para colaborar, especialmente en actividades militares.

Del 13 al 27 de agosto, Venezuela fue anfitrión de una serie de ejercicios militares con la participación de China, Rusia, Bielorrusia e Irán. Para Iván Simonovis, un venezolano experto en seguridad, estos ejercicios militares representan un peligro para toda la región. Venezuela ya se ha vuelto un centro regional de la lucha contra el poder estadounidense y sus aliados.

Dada la cercanía geográfica de Venezuela con Colombia, su política exterior ha afectado a la seguridad de Colombia. Venezuela ha albergado al crimen organizado de Colombia, Irán y Líbano. Funcionarios venezolanos han facilitado la infraestructura para el lavado de dinero y el narcotráfico.

Un estudio de Security and Defence Quarterly asegura: “El alcance global de esta simbiosis entre las FARC, Hezbolá y el narcogobierno venezolano es sofisticado y va más allá de cualquier ideología. Su meta ulterior es la acumulación de poder y dinero.”

Con guerrilleros teniendo acceso libre a Venezuela y cédulas de aquel país, a los funcionarios colombianos se les dificulta capturar a los criminales. En 2020, el Departamento de Estado de Estados Unidos condenó a Venezuela y lo llamó “un ambiente permisivo para las FARC, el ELN y simpatizantes de Hezbolá”.

A pesar de esto, Petro invitó a Maduro a ser un garante en los diálogos que se vienen entre el gobierno colombiano y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Venezuela se unirá en el rol a Chile y Cuba, ambos aliados ideológicamente.

Desde que Petro asumió la presidencia, Colombia ha presenciado 64 asesinatos a través de masacres que involucran al crimen organizado. En un cambio de políticas, Petro propone un acuerdo de cese al fuego con los grupos armados ubicados en la frontera colombo-venezolana. El ELN rechazó este acuerdo porque ellos desean ser considerados como una guerrilla política y no crimen organizado.

La propuesta de Petro de “paz total” es similar a la política fallida del gobierno mexicano de “abrazos, no balazos”. Este acercamiento, en conjunto con la anarquía de Venezuela, socavarían la milicia y harían de la frontera una zona de combate permanente.

Las relaciones en desarrollo de Maduro y Petro podrían enardecer al crimen organizado en la región. Además, la nueva política exterior de Colombia está abriendo la puerta a la creciente influencia de Irán en la región, un país acusado de financiar a grupos terroristas en múltiples ocasiones

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