Home OPINION “Mi patria, mi raíz” columna de Opinión de Carolina Castellanos

“Mi patria, mi raíz” columna de Opinión de Carolina Castellanos

Somos orgullosos de nuestras raíces ancestrales. Presumimos de ellas y las mostramos al mundo.

Al ritmo del son comemos chuchitos, tamalitos, frijolitos con tortillas recién echadas al comal, platanitos fritos con crema y azúcar, chumpe, coche, atolito de elote bien caliente, suban-ik, arrocito con pollo, tamales para Navidad, bautizos, bodas y cumpleaños y el infaltable cafecito, negro o con leche. La terminación “ito” nos hace sentirnos menos culpables y menos gordos por comer “no tan saludable”.

Nos deleitamos con la música de marimba en fiestas patronales, convites, celebración a algún santo, bodas (particularmente en las áreas rurales), y bailamos como sea pues no importa si lo hacemos bien o no. Hay que mover el esqueleto y disfrutarlo.

Nos quejamos de todo los chapines. Si llovió, si no llovió, si hay frío, si hay calor. El favorito: el tráfico, a quien le echamos la culpa por llegar a la hora chapina a todos lados, o sea, tarde.

Alegamos de todo, especialmente de los funcionarios públicos de turno. Ninguno nos llegará ni a la rodilla pues no resolverá casi nada. El sistema de gobierno está diseñado así. Es demasiado grande y burocrático por lo que el control y supervisión son nulos y el dinero nunca, nunca, alcanzará.

Los problemas eternos los seguiremos señalando y condenando a quienes pasaron por el gobierno y no lo resolvieron. Le daremos un ápice de complacencia si logró arreglar, aunque sea, un pedacito. Pero las necesidades son tan profundas e ilimitadas que ese pedacito no es nada. Así las cosas, acusaremos al presidente de turno de ser el más corrupto e incompetente.

El Congreso es la suma de todos los males. El sistema electoral está diseñado para dar cabida a cualquiera. Hemos tenido iletrados, resentidos, ladrones, corruptos, abusivos, aprovechados y alguno que otro inteligente, con ideas claras y planes concretos para contribuir al desarrollo de nuestra Guate.

En el ir y venir de nuestras vidas, vivimos contentos y agradecidos por lo que tenemos. Somos conscientes de las necesidades de otros por lo que hay muchísimas organizaciones no lucrativas que se dedican a recaudar fondos para contribuir a mejorar la educación de los niños, la infraestructura de las escuelas, a mejorar la salud, sean padecimientos específicos o en general. También las hay quienes trabajan arduamente en disminuir la desnutrición, a educar a personas con capacidades diferentes, a apoyar a adultos mayores que han sido abandonados y no tienen medios económicos para subsistir.

Nos encanta el chisme y queremos ser los primeros en transmitirlo a otros. El WhatsApp se ha convertido en el medio predilecto para esto, aunque muchas veces se riegan noticias falsas que dañan la dignidad o la reputación de personas honorables.

También nos encanta la política, especialmente cuando se trata de criticar a algún funcionario. Tenemos las mil recetas para resolver todo tipo de problemas y se generan discusiones porque “mi solución” es mejor que la de otro.

Somos orgullosos de nuestras raíces ancestrales. Presumimos de ellas y las mostramos al mundo. También lo hacemos con nuestros paisajes, lagos, volcanes, ríos y mares. Sobre todo, nos engalanamos con nuestra ave símbolo, el Quetzal, que muere en cautiverio pero, en libertad, vuela alto, extiende su larga cola y exhibe su pecho rojo para mostrarse al mundo así, libre, soberano e independiente.

Mi Guatemala, mi país, mi raíz.

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