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Candidatos presidenciables y la agenda 2030, columna de Opinión de Noel Arameo Barillas

A las puertas de un nuevo proceso electoral, en el cual los guatemaltecos elegiremos a nuestras nuevas autoridades, que tendrán la responsabilidad de dirigir por cuatro años los destinos de nuestra patria, saltan por doquier, interrogantes y cuestionamientos, a personajes políticos que tendrían en apariencia pretensiones de participar en las próximas elecciones generales, principalmente por la Presidencia de la República. Estos cuestionamientos se centran, entre intenciones de gobierno hacia la población, inclinaciones partidarias e ideológicas, hasta temas más complejos, como lo es la Agenda 2030

¿Qué es la agenda 2030?… Completamente seguro, que si hacemos esa pregunta a la mayoría de políticos, diputados, funcionarios de Estado y no digamos ciudadanía guatemalteca en general, ignoran el cómo se sirve, y se come una política de reordenamiento mundial, diseñada a la medida perfecta, no de los países “libres e independientes”, más bien a la medida de las grandes corporaciones mundiales, que disfrazan sus intereses elitistas, en programas milagrosos y magnánimos en “favor de las mayorías desposeídas sumidas en la pobreza, y de las minorías, según ellos excluidos, de los derechos básicos y elementales”.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible “es una hoja de ruta para el desarrollo firmada por los Estados miembros de la ONU en 2015. Involucra a toda la comunidad internacional, incluyendo a la propia Organización de las Naciones Unidas y sus agencias, así como otras entidades públicas y privadas como empresas, universidades o Gobiernos municipales y regionales.”

La Agenda 2030 es la continuación, ampliada y perfeccionada, de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), firmados en 2000 también en el marco de la ONU, cuyos objetivos primordiales estaban enfocados en combate de la pobreza en los países en vías de desarrollo como el nuestro. No obstante el tiempo para su desarrollo y ejecución resulto corto, los ODM tenían una vigencia de quince años, por lo que “consideraron” necesaria una actualización de cara a 2015. Esta nueva agenda, la 2030, expandió los límites de sus fronteras, combinado su enfoque y aparente “fin en erradicar la pobreza con la preocupación por el medioambiente”, siendo presentada en el sistema, como una agenda universal, y no solo para países en desarrollo. La ahora Agenda 2030, se consolido en diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El impulso de la cooperación internacional para lograr el éxito, se constituyó como uno mismo de los 17 objetivos de la agenda, que en el año 2019 se impuso por encima del mismo espíritu, prioridades y fines por la que fue creada la Organización de Naciones Unidas, ONU. Fue lanzada y “vendida”, como la herramienta perfecta para para erradicar la pobreza y las desigualdades y vulnerabilidades, bajo el pretexto del desarrollo humano sostenible. Quienes la diseñaron y redactaron se aseguraron de crear un espejismo de participación del “sector empresarial y la sociedad civil”, algo totalmente falso, ya que ese grupo autodenominado “sociedad civil”, en diversidad de países hispanoamericanos, son nada más que extensiones financiadas por sus dueños, las grandes corporaciones; podemos hacer mención de uno de sus máximos ejemplos, a The Open Society Foundations, fundada por George Soros.

Como “lobo con piel de oveja”, astutamente como ente invasivo, la Agenda 2030, ha ido carcomiendo los principios básicos de individualidad, libertad y decisión soberana como países libres, forzando la violación continua de sus Constituciones, leyes y costumbres propias, enmarcadas y delimitadas por medio de fronteras geográficas; las cuales en el desarrollo y ejecución de la misma Agenda Mundial, no tienen sentido, sentido en un “NUEVO ORDEN MUNDIAL”.

El tratar puntualmente uno a uno, los 17 objetivos de esta agenda, se hace imposible por razones de espacio en una columna de opinión, pero es importante tratar de separar el “cebo con la manteca”, ya que el tema debe ser tratado profundamente, no de forma sesgada y manipulada por intereses políticos partidarios, que buscan confundir a la población, desacreditando en ocasiones sin argumento alguno a posibles contendientes con afinidad política, que los miran como un riesgo electoral.

La mayoría de guatemaltecos, somos ciudadanos trabajadores, con valores, principios morales y cívicos bien definidos, lo que ha hecho difícil, la conquista de nuestro Estado por el marxismo cultural, abanderado por la izquierda. Pero en todos lados existen “cangrejos”, que anteponen sus intereses personales por los de nación, y estos abundan en la misma “derecha”; y entre una competencia poco limpia y transparente, hay que tener presente, la importancia de satisfacer las inquietudes de los ciudadanos comunes y corrientes, para que puedan decidir con libertad el perfil del candidato, que de alguna forma llene sus expectativas electorales.

Cualquier futuro candidato presidencial que ofrezca la eliminación de la pobreza, y redistribución de la riqueza, cumpliendo el primero de los objetivos de la agenda 2030, simplemente miente, ya que la única manera de erradicar la pobreza mundial es eliminando al pobre, y por ello debemos tener siempre presente, que uno de los objetivos planteados en esa misma agenda es la reducción poblacional a nivel mundial.

Los partidos y candidatos de izquierda en Guatemala, son por naturaleza promotores de la Agenda 2030, impulsada por la ONU, ya que todos ellos tienen dueño y financistas, y son los mismos quienes la concibieron, por lo cual no tendremos problema para identificarlos; caso contrario con los candidatos de derecha, algunos simplemente mercantilistas y quienes son susceptibles a cualquier tipo de oferta, como la aceptación de programas globalista que condenen los destinos del verdadero desarrollo y libertad en nuestro país.

Fundamental, es el poder separar a los verdaderos estadistas y políticos con sentido y visión de Estado, y que merecen gozar del beneficio de la duda entre los electores, ya que sus discursos y actuaciones encajan en la protección de nuestros valores, bajo el precepto de respetar a todos los individuos y sus derechos fundamentales, amparados exclusivamente desde nuestra Constitución Política de la República. Señalar a cualquier probable candidato de la derecha, de ser parte de del globalismo y estar de acuerdo en la agenda 2030, por no tocar el tema, en momentos estratégicamente inviables electoramente, resulta injusto y dañino para el fututo de Guatemala, ya que los únicos ganadores ante la posible división que se puede suscitar a raíz, serán los verdaderos abanderados del globalismo, la izquierda terrorista parasita y aprovechada. Cuestionar a un candidato de derecha, que propone, por ejemplo, el uso de la tecnología, en favor de la educación y la desburocratización del Estado, resulta ilógico e incomprensible, ya que desarrollo no es sinónimo de globalización, le pregunto a usted, ¿está dispuesto a tirar su teléfono inteligente, porque su uso puede ser considerado parte del globalismo?… cuestionemos, pero a la vez informémonos de una forma clara y objetiva, sin pasiones y con la mente fría, esto nos permitirá ir creando un camino y panorama claro y viable, en la toma de decisiones electoralmente maduras, por el bien de todos los guatemaltecos.

Cierro mi columna con una cita, del entonces Secretario de Estado de US, el político estadounidense de origen judeoalemán, Henry Kissinger, en mi opinión el génesis de la planeación, sobre la cual descansa la agenda 2030.

“La despoblación debería ser la más alta prioridad de la política exterior hacia el tercer mundo, porque la economía de los Estados Unidos requerirá una cantidad cada vez mayor de minerales del extranjero, especialmente de los países menos desarrollados.” (Fuente: Dr. Henry Kissinger, EE.UU. y el tercer mundo: -NSSM 200-El Informe Kissinger.)

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