Home OPINION Un plan para gobernar (Parte 1 de 3) por Alfonso Rodríguez Anker

Un plan para gobernar (Parte 1 de 3) por Alfonso Rodríguez Anker

Estamos claros que seguir eligiendo presidentes como lo hemos hecho en
la última media docena de veces, votando en contra de un presunto
candidato de conocida y dudosa reputación, populista y/o riesgoso para
un gobierno de verdadero beneficio común y propiciador de la inversión
privada en el país, no nos ha llevado ni nos llevará a ningún lado de
desarrollo y de cambio para la inmensa mayoría de ciudadanos que
siguen siendo una masa amorfa, pobre y sin futuro de ninguna clase. Y en
esta meta han fallado los gobiernos habidos independientemente de su
ideología política y esa meta es por cierto la más importante de alcanzar.

Decidir votar para probar o ensayar a la izquierdosa opción, tampoco es
una solución ni garantía de que tendremos un presidente dedicado al
beneficio de la mayoría y el ejemplo habido de estos bandazos políticos y
sus consecuencias en el continente americano, han demostrado
ampliamente lo fácil que es predecir el fracaso nacional con estos
gobiernos populistas y de izquierdas.
Lo único que ha crecido en forma desmesurada y asfixiante, es la

corrupción administrativa del gobierno. Es voraz, sin límites, descarada y
cínica. La única mejoría de gobierno tras gobierno, es para el grupo de
cada gobernante y sus adláteres. La ciudadanía sigue en la miseria y
cada vez más escéptica de que habrá un cambio estructural en el país.
Pero solo pasamos de país del tercer mundo a país en vías de desarrollo.
El cambio que a mí me gustaría ver es el desempeño de un gobierno
dedicado en cuerpo y alma al beneficio nacional, empeñado en eficientar
al máximo el gasto público, lo que implica reducir el tamaño y las
acciones actualmente a cargo del gobierno y que de hecho le son ajenas,
concentrando todo su empeño en Salud, Educación y Seguridad y
convencido de que el único camino hacia la salida de la pobreza es
mediante la inversión privada. Y privada porque inversiones estatales no
rentables solo representan un incremento de la deuda nacional.
La inversión privada y rentable mejorará las condiciones del país y de
paso será una oportunidad de trabajo que permita evitar el éxodo de
nuestra gente en busca de oportunidades de trabajo y de una motivación
y razón a los ciudadanos de educarse y prepararse académicamente para
valorar la capacidad de su trabajo y poder, convencido de que, mediante
su empleo calificado, podrá superar esa vergonzosa barrera de pobreza
propia de un país subdesarrollado. Y de paso, con su voto calificado,
podrá elegir conscientemente a sus gobernantes.
La mayor riqueza de Guatemala somos los guatemaltecos y por ende
invertir en su salud, educación y seguridad ofreciendo fuentes de trabajo
dignas y acordes con su preparación académica será la ruta del desarrollo
nacional.

Anunciar estos cambios producirá inmediatamente la oposición de todos
los que se benefician de la actual condición.
Hace falta un gobierno unificado, fuerte en todo sentido, empeñado

incondicionalmente con las metas, el orden y la ley y con la
independencia de actuar que da la plata de los inversionistas, para
intentar lograrlo.

Suena simple y poético, pero en realidad es una tarea propia de una
batalla campal en todos los ámbitos y no por los objetivos sino por los
opositores cuyos intereses los obtienen y benefician del enjambre actual.
Y más difícil es que los que se sientan afectados negativamente por los
cambios, se convenzan de que el país cambiará por el crecimiento de sus
actividades a niveles sin precedentes y que la gran mayoría verá la
necesidad de educarse como el camino de su superación y que así a
todos nos irá mejor.
La apatía, que tantas veces me ha extrañado, del sector privado
económicamente fuerte en general, he finalmente entendido que tiene sus
razones de ser, toda vez que mucho de su bienestar proviene de
prebendas y privilegios obtenidos con los gobernantes de turno y por lo
tanto están faltos de la autoridad moral de encabezar una acción de
cambio. Y conste que en ningún momento propongo revertir ni intervenir
en contra del sector privado organizado, es más estoy seguro de que
sabrán navegar rápidamente en el nuevo río.
Mi visión de la participación privada en el total de actividades nacionales
es en un marco de libre competencia y en un sistema jurídico que respete
íntegramente los beneficios de la inversión, es que es ya la única forma
posible de invertir en el país. El endeudamiento de los países con
inversiones no rentables es ya imposible de conseguir, luego si el camino
del desarrollo está sujeto a la inversión, no hay otra de que esta sea
privada y como tal debe ser rentable.
El actual sector privado como uno solo, es aquel que con sus pagos de
impuestos cubre el 95% del presupuesto nacional y que representa el

escaso 5% de la población. Es esencial la participación accionaria popular
en todas las inversiones del sector privado.

El sector burocrático tiene borrado de su mente varios conceptos entre los
más importantes, el de remuneración de acuerdo con el desempeño,
tienen chance con el gobierno y no importa que hacen o producen,
simplemente tienen un ingreso asegurado mientras se mantengan en la
masa burocrática y así están, reubicándose en cada cambio de gobierno
en cualquiera de las entidades públicas y tiene borrado el concepto de
rentabilidad financiera. Las inversiones deben recuperarse vía la
rentabilidad de los proyectos y no mediante las deudas con avales
soberanos.
Y el resto de la población, estamos tratando de sobrevivir de la mejor
forma posible con los vaivenes económicos que siguen los cambios
azarosos de gobierno y sintiendo cada vez más pesada la mochila de
impuestos.
A mí me parece que seguir igual implica tener los mismos resultados y
con toda sinceridad considero que vamos como los cangrejos, marcha
atrás y que con el crecimiento poblacional mayor que el índice del PIB, lo
que estamos generando es una población cada vez más pobre y menos
educada.

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