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Campañas de campañas, columna de Opinión de Alfred Kaltschmitt

Siguiendo un viejo script sobre Ríos Montt y el genocidio en Guatemala, en CNN, el sábado pasado, sale una entrevista con la escritora Ximena Santaolalla, sobre su libro publicado en el 2021 A veces despierto temblando.

Esa ha sido la tónica de la narrativa recogida, aumentada y transmitida por los tambores de resonancia afines en muchas obras literarias como esta sobre lo acontecido durante 504 días del general Efraín Ríos Montt. Una herramienta muy natural —y nada sorprendente— utilizada convenientemente por los autores para capitalizar el interés que despierta el tema, habida cuenta que construir sobre múltiples ecos aumenta el volumen del argumento y asegura la audiencia afín. Y así, con narrativas supuestamente “documentadas”, se construyen los más horrendos crímenes con las más atroces descripciones de la barbarie y la crueldad. Entre más se entrelacen en las imágenes de bestialidad y salvajismo en la filigrana descriptiva del cuento, novela, ficción, documental o relato, mejor para su difusión para ser ampliada por los solidarios del mundo.

Si esta es una obra publicada en el 2021, ¿por qué darle tracción y volumen ahora, justo en medio del proceso electoral en donde la hija del General encabeza las encuestas? Suena, debo decirlo, sospechosamente conveniente para los buscadores de lodo, esos que moldean sus argumentos con estatuillas de estiércol para desacreditar al oponente, colocándolos en la ventanilla del oprobio público; una demostración más de la descomunal cobertura mediática y política que se dio durante el juicio de Ríos Montt.

Existen trabajos de investigación que comprueban el sesgo de la cobertura mediática y las reacciones contra todos aquellos que osen contradecir tal narrativa. Como es el caso de los antropólogos David Stoll y Elizabeth Burgos, autora del libro de Rigoberta Menchú.

Stoll publicó Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres, edición 2008, y Entre dos fuegos en los pueblos ixiles de Guatemala, obras que recogen la realidad de los tiempos de Ríos Montt, con mucho mayor objetividad que la mayoría de los que han escrito en la materia. Por no coincidir con la narrativa de los movimientos simpatizantes a la revolución, lo convirtieron en un paria. La cantidad de material negativo generado por su controversial trabajo investigativo ha sido portentosa.

Paradójicamente, igual suerte corrió la antropóloga Elizabeth Burgos, autora del libro de Rigoberta Menchú Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. Como lo describe Burgos en la introducción que escribe para la última edición del libro de David Stoll, edición 2008, Cómo me hice persona non grata…, relata con un detalle minucioso no solo el génesis del libro de Menchú, cuando esta llegó a su apartamento en París, sino también el intrincado proceso de rechazo que sufrió por la disputa de autoría del libro sobre Rigoberta. La primera vez, después de la entrega del Premio Nobel, y la segunda, por haber sido ganadora del concurso literario de La Casa de las Américas.

Elizabeth Burgos, en la introducción del libro de Stoll, explica cómo fue excomulgada, al igual que Stoll, de la academia, por sus posturas divergentes, especialmente sobre las consecuencias de la lucha armada y la insistencia del movimiento revolucionario de introducir el modelo cubano en América Latina, principalmente de cara a sus observaciones sobre el totalitarismo de Hugo Chávez, fiel copia del modelo cubano.

Hay muchos incentivos dinerarios y distinciones, generados por estos movimientos que se inclinan por otorgar medallas, premios y diversas dádivas a aquellos que abracen su narrativa colectiva.
Pienso en jaurías caninas, orinando por doquier, marcando territorio

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