Home OPINION Tres jinetes que azotan, columna de Opinión de Fritz Thomas

Tres jinetes que azotan, columna de Opinión de Fritz Thomas

La historia es continua, pero nuestra memoria individual y colectiva resalta eventos particulares que destacan y marcan épocas. El segundo decenio del siglo XXI es joven aún, ya marcado por tres fenómenos que destacan los tiempos: la pandemia de covid-19, la guerra entre Rusia y Ucrania y la inflación. Han introducido novedad en el sistema con efectos disruptivos que generan incertidumbre y cambio. Dos son chivos expiatorios del tercero; la pandemia y la guerra son causa de la inflación.

Aún no se tiene claro el origen de la pandemia que tomó al mundo por asalto en los primeros meses de 2020. Esta pregunta tan importante ya no ocupa lugar en la retórica, es demasiado sensible políticamente aceptar la teoría más probable; el virus es fruto del diseño humano y escapó de un laboratorio en Wuhan, China. Entre las acciones más drásticas tomadas por gobiernos está la suspensión de actividades escolares, que ha provocado daños irreparables a toda una generación de niños y jóvenes. La vacuna que salvaría a la humanidad, doble con refuerzo, ahora hace la promesa más modesta de reducir la severidad de los síntomas de contagio.

Camioneros en Canadá realizaron protestas y bloqueos en respuesta a medidas tomadas por su gobierno por la pandemia. Se abrió una página web para recibir donaciones en apoyo a los camioneros, que recaudó más de US$8 millones. La respuesta del gobierno canadiense de Justin Trudeau fue bloquear las cuentas bancarias de los camioneros, suspender su seguro y en algunos casos incluso confiscar sus camiones. Logró cerrar la página web de donaciones para los camioneros, negándoles acceso a los fondos. Las medidas tomadas por el gobierno canadiense en contra de manifestantes abrieron brecha, señalando lo que vendrá en el futuro: si al gobierno no le gusta lo que hacen ciertas personas o segmentos de la población, bloqueará sus cuentas bancarias. En un mundo crecientemente digitalizado, el autoritarismo se hace de herramientas para aumentar su control sobre la población.

El presidente ruso, Vladímir Putin, se decidió por invadir Ucrania porque percibió la debilidad del gobierno de Joe Biden cuando se retiró de Afganistán de manera torpe y apresurada, y calculó que la dependencia energética de la Unión Europea los mantendría dóciles. La Otán tendría que haber detenido a Putin cuando invadió y anexó Crimea en 2014, pero lo toleró y apaciguó, dando alas a la invasión en febrero 2022. Ahora ruge una guerra de desgaste a la que no se le ve forma y plazo para que finalice.

La plaga de inflación invade muchos países. Los gobiernos de las principales economías del mundo achacan la culpa a la pandemia y la guerra. La inflación es un fenómeno monetario que se manifiesta cuando la cantidad de dinero aumenta a un ritmo significativamente mayor que la producción de bienes y servicios. Al haber más dinero persiguiendo menos bienes, los precios aumentan. Los únicos culpables de la ola inflacionaria son los gobiernos y bancos centrales, que han gastado y creado dinero a manos llenas, creyendo que podían gastar, imprimir y endeudarse indefinidamente, sin consecuencias. La verdad está pasando factura. El aumento en el precio del petróleo y gas también es consecuencia de malas políticas públicas, que, bajo el espejismo de un mundo verde renovable, han desincentivado y reprimido la inversión en la producción de hidrocarburos.

La actual década inició con tropiezos que representan grandes retos para el orden establecido. La pandemia, la guerra y la inflación, cual tres jinetes, vinieron para quedarse, al menos en el futuro previsible.

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