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El infantilismo político
Armando Jorge de la Torre Martel

De nuevo, otra moda mundializada, sobre todo en nuestra América,
ahora tanto la del Norte como la del Sur.
Y, ¿qué entiendo por tal moda?
La tendencia mayoritaria a esperarlo todo al muy corto plazo y sin
aporte alguno de nuestra parte. Es decir, la de la irresponsabilidad
natural de un niño frente a sus padres.
Es muy de deplorar esa tendencia decadente a querer volver a la niñez
una vez llegado a la vida adulta, porque tal regresión entraña
inevitablemente una carga insoportable para los demás.
Y a eso lo califico de pura decadencia generacional.
Y así, por ejemplo, se evidencia crecientemente tal fenómeno entre
nuestros vecinos del Norte incluidas en las personas de su Presidente,
Joe Biden y de su Vicepresidente Kamala Harris (y no menos en los
asesores que les son más cercanos). Igualmente entre las masas de
empleados federales y de sus afiliados a los sindicatos.
“Para mí lo ancho, para los demás lo estrecho”, parece ser el lema de
sus actitudes predominantes.
En nuestra Ibérica región las cosas parecen aún peor, entre esas
exigencias infantiles de “niños” de treinta o cuarenta años, como

Gabriel Boric, y las posibilidades de satisfacerlas para los otros todavía
algo mayores y teóricamente al servicio del “bien común”.
Y de esa manera, ahora resultamos con un Presidente infrahumano en
Chile, con un semianalfabeta en Perú, con un filibustero raquítico en
Cuba, con una pareja de psicópatas en Nicaragua, con un comediante
improvisado en Venezuela, hasta con la amenaza por segunda vez de
un supuesto bonachón en Brasil, y ahora, para colmo, con el
espectáculo de un asesino y capo de narcotraficantes a la cabeza en
Colombia…
¿Qué nos pasa? Para todo ello vuelvo a recurrir a las enseñanzas del
Evangelio:

Porque el reino de los cielos es como un hombre que, yéndose lejos,
llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno dio cinco
talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos
fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco. Asimismo, el que había
recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno
fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de
mucho tiempo vino el señor de aquellos servidores, y arregló cuentas
con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros
cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he
ganado otros cinco sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen servidor y
fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo
de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo:
Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos
sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen servidor y fiel; sobre poco has
sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero
llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te
conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y

recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu
talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor,
le dijo: Servidor malo y negligente, sabías que siego donde no sembré,
y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero
a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los
intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aún
de lo que tiene le será quitado. Y al servidor inútil echadle en las
tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes. Mateo 25:14-
20

Puro buen capitalismo diría uno de los Chicago Boys de Chile o pura
injusticia social le responderían los hijos del bienestar utópico al estilo
de la izquierda socialistoide.
Yo me quedo con el capitalismo para quienes creo ser los más adultos
entre nosotros. Aunque mis adversarios ideológicos me responderían:
“preferimos la instauración de un mismo nivel social para todos entre
las clases productivas y las no productivas”.
Resumo: me quedo entonces con los adultos que compiten
individualmente entre sí y no con esos sindicalizados que prefieren
recostarse a perpetuidad a la espera de ser amamantados por los
demás.
Es obvio que todo niño ha de esperar protección, alimento, cuidados de
otros, o sea, de sus padres u otros adultos o carecería de todo ello por
completo.
El adulto, en cambio, de ningún otro lo ha de esperar si no de su propio
esfuerzo según el instructivo bíblico “Ganarás el pan con el sudor de
tu frente” (Génesis 3:19).

Así entreveo nuestra disyuntiva de hoy: pues muchos parecen
rehusarse a entrar en la adultez, pues prefieren una dependencia
infantil de sus mismos contemporáneos.
Dicho de otra manera, los así llamados “hombres-masas” quieren
evitarse para siempre las molestias y los riesgos de ser autónomos.
O sea, porque temen el frío de competir y prefieren el calor del pecho
de una madre a la que llaman “Estado benefactor”.
Así comprendo por qué en Guatemala se den huelgas casi únicamente
en el sector público (como en la Universidad de San Carlos), mientras
que al mismo tiempo se multiplican los adultos emprendedores en ese
otro sector que llamamos “privado”.
Por eso entiendo que los débiles de carácter deleguen su poder a los
colectivos de quienes les parecen iguales, mientras que los fuertes de
carácter, por muy indigentes que sean, luchan por su supervivencia con
el sudor exclusivo de sus frentes individuales.
De ahí tanta violencia entre grupos caprichosamente infantiles, ya sea
en la Argentina americana o en la Francia europea. Al igual que en
Bolivia o en la Guinea Ecuatorial. Otro tanto digamos del Ecuador o de
la Grecia de un pretérito que ya han olvidado.
Aparentemente ya hemos dejado atrás todo sentido de “responsabilidad
personal” o de aquel otro llamado que implicó la tal parábola de los
talentos.
Y así comparto el grito de quien lamentó:

“¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que
son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la
gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Mateo
23:37).

Y lo digo calmadamente, aunque yo también he sido con mi
comportamiento individual uno de esos asesinos de profetas.
Ahora no me resta más que esperar un juicio final, donde niños y
adultos habremos de responder del uso que hicimos de tanto bueno
que nos ha sido gratuitamente dado.
Por eso tengo no menos tan por muy oportuno sudar hoy para un
mañana más promisorio.
La típica mentalidad, por cierto, también de un capitalista…

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