La silla que debería despertar a todos, columna de opinion por LUIS JAVIER CRISÓSTOMO

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Tanmi Tnam

“No solo queremos la silla”. Así le dijo Martín Toc Presidente de Alcaldes Comunales de los cuarenta y ocho cantones de Totonicapán al señor Presidente de la República de Guatemala en el acto de devolución de la silla de Atanasio Tzul.  Silla que tiene significado vigente para los mayas del Siglo 21 entre los que está la demanda por la libertad, la autodeterminación, la solidaridad y la refundación del Estado de Guatemala.  Gracias a las autoridades mayas de hoy, la vida de muchas comunidades locales transcurre en calma, seguridad y confianza. Estas autoridades controlan los hilos invisibles de la vida de las comunidades locales donde el poder del Estado queda lejos.  Lejos la ley y la justicia, lejos la educación incluyente, lejos la salud para todos y muy lejos el buen uso de los recursos públicos para el bienestar de los más olvidados.  La autoridad heredada de los ancestros mayas se resiste a morir a pesar de que, en distintos momentos de la vida del país, por parte de las autoridades de la cultura dominante, se ha tenido la intención con leyes específicas hacerlas desaparecer o fusionar con otras instancias.  Sin embargo, sus raíces con el pensamiento, valores, conceptos y espíritu del pasado maya las mantiene fuertes y con roles concretos. Esta autoridad, como la de los cuarenta y ocho Cantones de Totonicapán, merece respeto y fortalecimiento porque el servicio que prestan mantiene el objetivo de cuidar la vida, el territorio, la Madre Tierra y generar bienestar a la población local según sus posibilidades. Es de reconocer que en muchos hogares mayas todavía se aprende y se practica que sobre la silla del anciano o de la autoridad nadie más se puede sentar. 

A estas alturas del tiempo, a pesar de tanta presión porque la cultura maya deje de ser y existir, en varias regiones se encuentran comunidades locales donde sobre la silla de la autoridad nadie se debe sentar si no lo ha dicho el pueblo de manera consciente, responsable y según el proceso establecido que es participativo, cuidadoso y libre de chantaje.  Llegar a ocupar la silla de autoridad, es una responsabilidad que tiene vínculos con la conservación de la vida y el bienestar de todos.  La silla puede ser la más sencilla, pero es de la autoridad del lugar y allí se llega a servir a los demás.  La silla de quien tiene poder por encargo de la comunidad no puede ser ocupada por corruptos, ladrones, incapaces, mentirosos y malos hijos del pueblo. No procede la selección ni el nombramiento de algún vecino que solicita por cuenta propia ser autoridad de la localidad porque esta decisión depende del pueblo reunido en asamblea solemne de la comunidad.

La autoridad de muchas comunidades locales en distintos puntos del territorio guatemalteco, especialmente en regiones de población maya, es la responsable de conducir con prudencia los destinos de la comunidad alrededor de prácticas justas y con valores como la solidaridad y el servicio para el bien común. A estos puestos se llega poco a poco, siempre acompañados por los comunitarios y bajo la estricta observación de todos.

Un saludo respetuoso a los habitantes de la cabecera municipal de Comitancillo, San Marcos, que recién eligieron y dieron posesión al grupo de alcaldes comunitarios el 8 de este mes de julio. Ya era tiempo de decir a las autoridades tradicionales del Estado que el servicio a través de las entidades propias está vigente para volcar esfuerzos por conservar la vida, la defensa de los verdaderos intereses comunitarios, el bienestar común y la administración de normas propias de los pueblos.

LUIS JAVIER CRISÓSTOMO
LUIS JAVIER CRISÓSTOMO

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