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Guatemaltecos, ¿Qué nos pasa?
Guatemaltecos, ¿Qué nos pasa?
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Los partidos políticos nos están poniendo a elegir entre los mismos de siempre. La gente en el gobierno está decidida a poner en la silla presidencial a uno de sus peones para tapar sus ilegalidades y actos de corrupción. Los nombres de los candidatos postulados para la presidencia, el Congreso, las cortes y las alcaldías son de personas que han saqueado las arcas nacionales en el pasado. La gran mayoría pasaron por las oficinas públicas sin pena ni gloria. A lo sumo, engordaron sus cuentas bancarias robando, tranzando plazas, traficando influencias y cobrando comisiones a cambio de la adjudicación de obras.

El descaro es absoluto. Para colmo, en redes sociales abundan los perfiles de gente dedicada a desprestigiar y confundir. Se aprovechan de la candidez y la ignorancia para manipular la información, unos en contra y otros a favor de la lucha contra la corrupción. En ese río revuelto, los corruptos parecen llevar la delantera.

El desenfoque es la consigna, llevando y trayendo información falsa o sesgada con el fin de confundir y convencer. La guerra desatada en los medios solo promete empeorar con el paso de los días y la inminencia de las elecciones. Claramente, se visualizan dos bandos, ambos con objetivos nefastos para la democracia. Por una parte, un sector conservador muy retrógrado que trata de mezclar religión con moralidad pero que, a la vez, defiende a todo aquel procesado por corrupción que pertenece a su círculo de poder. Por la otra, un grupo que se dice poseedor de la verdad, la razón y la justicia negándose a admitir sus errores en la aplicación de la ley.

Conforme pasan los días, la incertidumbre cunde entre los ciudadanos. Unos esperando ansiosos el destape de más casos que saquen a luz la podredumbre de hoy y de siempre. Otros, atentos para defender a los amigos, compadres y achichincles y así, evitar ser llevados a la justicia por sus pecados. En tanto, los funcionarios y posibles candidatos se mueven presurosos para saquear lo que pueden, aprovechando los recursos del Estado para apalancar sus proyectos políticos y ganar adeptos. Las artimañas de saqueo van de lo burdo a lo sutil, mediante la compra de insumos que serán desviados para la campaña, la contratación de personal que aportará una parte de su sueldo al partido o, el uso de las instituciones por medio de obras que publiciten esos logros con fines políticos. Ni hablar de la contratación de obra por medio de los COCODES, CODEDES, las alcaldías y los ministerios para quedar bien con sus bases.

La aprobación de un presupuesto desfinanciado es la prueba fehaciente de las intenciones de estos malos guatemaltecos que otrora denunciaban estas prácticas de sus antecesores. Paulatinamente vamos cayendo en la cuenta que fuimos engañados otra vez y, lo que es más inquietante, que seremos defraudados de nuevo. Las velas de la esperanza se han transformado en un tridente que afectará la democracia y el bienestar de todos los guatemaltecos. Está visto que la traición de los políticos no cesará. El proceso electoral está viciado y no hay poder capaz de frenarlo, por el contrario, somos llevados como vacunos al matadero por esa mafia putrefacta de partidos compuestos por gente de la peor calaña.

Con cierta ingenuidad, algunos creemos que debemos sumarnos para buscar el cambio, pero está claro que las oportunidades para la gente honesta son pocas. Esas maquinarias políticas están aceitadas por la ambición de poder, ¿Será que estamos a tiempo de cambiar las reglas del juego o, debemos conformarnos con ser espectadores de la catástrofe que se avecina?

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