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De nuevo, esperamos ansiosos las elecciones con la esperanza de un cambio de rumbo que no vendrá.  En perspectiva se vislumbran las mismas caras con iguales actitudes.

Los procesos electorales pasados han estado marcados por la componenda entre el gobernante de turno y un sucesor que prometa no perseguir los delitos de quien entrega el poder. La estrategia es ampliamente conocida por los operadores políticos. Necesitan un candidato que les asegure impunidad.

ELECCIONES SIN ELECCIÓN Noticiero El Vigilante

No fue Vinicio Cerezo quien invento el pacto de sucesión, pero si lo perfeccionó. Basta recordar al locuaz presidente dejándose ganar la partida por Serrano Elías en una entrevista arreglada para subirle el perfil. Después del Serranazo, una intrépida huida por los tejados puso a Ramiro De León en la silla presidencial. Eso nos contaron los ganadores, pero la historia no fue tan cierta.

Con Álvaro Arzú, los pecados de Ramiro fueron perdonados y las baterías oficialistas se alistaron para dejar a Oscar Berger como sucesor, hasta que un berrinche del candidato los enemistó y permitió que se les colara Alfonso Portillo; el paracaidista que dejó a las mafias gobernar a su antojo, en tanto le permitieran robar y dejarse abrazar por la lujuria del poder.

Para tapar los negocios con las mafias, el FRG debía encontrar la manera de seguir gobernando, y el único capaz de romper la alternancia de los partidos políticos era Efraín Ríos Montt. De esa cuenta, el 24 de julio de 2003, las turbas lideradas por dirigentes y diputados oficialistas, salieron a las calles a protestar para pedir la inscripción de su candidato, con impedimento constitucional. El “Jueves Negro”, como se le llamó a ese incidente, se convirtió en ganancia de pescadores para el impasible Oscar Berger.

Durante la gestión de Berger, se iniciaron procesos en contra de Portillo por actos de corrupción, sin embargo, logró esquivar -con relativa tranquilidad- su aprensión. Fue hasta en 2010, durante el gobierno de Álvaro Colom, cuando se le capturó y extraditó a Estados Unidos. Para muchos, fue evidente que existió un pacto de no persecución entre el gobierno de Berger y el de Portillo. Así mismo, se sabe que el gobierno de la GANA prefirió apoyar a Colom antes que caer en las garras de su archienemigo Otto Pérez Molina quien, a su vez, ya tenía negociada la impunidad con Manuel Baldizón.

Baldizón fue defenestrado antes de que se cumpliera la profecía de alcanzar la presidencia. El movimiento #NoTeToca y los escándalos de corrupción por el caso “La Línea” hicieron que la población se decantara por un novato en las lides políticas. Pero, el Presidente Jimmy Morales no alcanzó la presidencia por casualidad. Tras su elección estuvo el apoyo financiero de los migrantes en Estados Unidos, el de los Veteranos del Ejército y sus Patrullas de Autodefensa Civil -PAC-y el espaldarazo de Portillo, Colom y del Partido Líder, quienes negociaron su cuota de poder con FCN-Nación a cambio de apoyo para la segunda vuelta.

Se acercan las elecciones y los mismos actores recomponen sus cuadros, negocian y pactan impunidad con los posibles sucesores. El temor de ir a la cárcel, una vez fuera del poder, hace que el oficialismo enderece su estrategia hacia un cambio de gobierno sin cambio.

Tendremos elecciones sin elección, toda vez que varios candidatos saldrán del gabinete de Jimmy. Su ventaja sobre los opositores radica en que podrán echar mano de las arcas públicas colocando a correligionarios de sus respectivos partidos en cargos con derecho a tajada. Esta suerte de financiamiento ilícito, aunado al clientelismo populista, utilizado anteriormente por Sandra Torres y la UNE, son de nuevo un factor clave para comprarse impunidad. Es decir, tendremos más de lo mismo con los mismos.

 

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